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Melina Berkenwald: lo que esconden las apariencias
En la muestra de Melina Berkenwald, el vidrio, usado como soporte de la obra y como un material que llevado al arte posee un alto grado de resonancia sensible, opera como metáfora de la fragilidad y el descubrimiento.
En una serie de imágenes los vidrios exhiben textos tallados sobre su superficie. Apilados, unos sobre otros, como las páginas de un libro, los vidrios aparecen en las fotografías, impresas también sobre vidrios. Acerca de los escritos, Berkenwald aclara: «Son textos que escribo a veces, guiones cortos para futuros videos. Son relatos, pero en esta obra que se llama El Escondite, la idea fue no revelar el texto completamente, sino que cada vidrio sugiera una posible lectura que luego cada observador imagina». Es decir, los textos funcionan como estímulos a la curiosidad, suscitan sensaciones que la transparencia del material acentúa.
La dimensión asociativa que nuestra artista establece con Marcel Duchamp, el autor del «Gran Vidrio», alcanza su mejor expresión en la humorística máquina que Berkenwald fabricó para enhebrar agujas. En los motivos femeninos y personalísimos de sus objetos, reside en gran medida la gracia de toda la muestra. Luego, el bordado de puntadas certeras sobre una tela fotografiada, un medio del cual se vale la artista para representar líneas de colores, es otro recurso no tradicional que le brinda a la obra cualidades especiales. En este caso, las líneas generan un clima de alucinación, partiendo para todos lados en abierto desorden; un clima que demuestra la obsesión y que se contrapone al orden helado de los vidrios.
La herencia que depara a Berkenwald una familia de psicoanalistas, lejos de ser negada está excelentemente capitalizada. La artista nació en Buenos Aires en 1972. Estudió en Londres, obtuvo un doctorado en Art & Communication en el School of Media, Arts & Design, de la University of Westminster. Expuso en varias ciudades del mundo, trabaja en proyectos de gestión cultural, curaduría e investigación, y creó el programa URRA de intercambios y residencias de artistas. Es decir, se trata de una artista afín a los tiempos que corren: que excede su labor para ocupar diversos roles en el escenario del arte.
Finalmente, la galería Vasari ha alcanzado un difícil equilibrio y sostiene un nivel de calidad con sus artistas de vanguardia (Annemarie Heinrich, Anatole Saderman) y los consagrados (Josefina Robirosa), que suman sus nombres a los pintores de la década del 80 (Alfredo Prior, Juan José Cambre, José Garófalo), y las figuras de las últimas generaciones (Diego Haboba, Mauro Koliva y Berkenwald).


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