14 de marzo 2011 - 00:00

Mercado elude tsunami financiero

Es tiempo de grandes convulsiones. Y ya no son únicamente las finanzas. Al mundo árabe más conservador lo atraviesa una epidemia de revoluciones que marcan un pico inaudito de fiebre democrática. Occidente no alcanza a desembarazarse de sus antiguos aliados -los malos conocidos- y, a instancias de una diplomacia que ya no veranea en Túnez pero igual corre a la zaga, se abraza a los rebeldes, el enigma por descifrar. ¿Alinea, por fin, sus valores con sus intereses? ¿Cómo diablos saberlo? ¿Cuánto duró el júbilo por deshacerse de Fulgencio Batista? La democracia no es un fruto silvestre ni siquiera en lo que supo ser el gran destino vacacional de los EE.UU. No brotará en el Norte de África ni en Medio Oriente con sólo proponerlo. Francia no pudo haberlo olvidado: su notable revolución tomó la Bastilla para derrocar a la monarquía y acabó consagrando un emperador. Y no había petróleo en medio.

No es sólo la política. La feria de las catástrofes hierve de imaginación: terremotos, tsunamis, accidentes nucleares. Es la mano del hombre y de la naturaleza, en cadena. Son convulsiones que surgen como completas sorpresas. Nadie espera ya que primero talle el aviso de los economistas. Y no por ausencia de profecías. Se vaticinaron calamidades a instancias de la Fed y del QE2 y, por lo visto, ocurrieron otras.

No sólo yerra la academia. Un hombre práctico como Bill Gross, quién maneja el principal fondo de renta fija del mundo, anuncia con bombos y platillos que no habrá compradores de bonos del Tesoro cuando la Fed dé un paso al costado (lo dice, por supuesto, después de haber vendido los suyos) y lejos de producir un cataclismo, reanima su demanda. Nunca digas de esta agua no he de beber (menos trabajando en el negocio del agua mineral). De persistir la anomalía, el propio Gross, con efectivo en mano y ligero de bonos, deberá violentar él mismo su predicción.

Las sacudidas son enormes, no hay brújula y, sin embargo, las Bolsas no recibieron grandes facturas. Nadie niega el remolino -ni la indefensión cuando se desatan las fuerzas de la naturaleza- pero también es verdad que lo que no mata, fortalece. Wall Street sufrió un jueves de escalofrío, el nerviosismo se cortaba con cuchillo, pero no hubo viernes negro sino un repunte a contrapierna que le permitió al Dow aferrarse a un cierre semanal por encima de los 12 mil puntos. Pese al tsunami que barrió las costas de Japón. La pulseada se volcó a favor de los escépticos, no hay dudas, pero todavía la Bolsa da pelea. Y el rally supo remontar encrucijadas peores, como la corrección de noviembre (cuando la crisis europea se tragó a Irlanda).

La suerte no está echada aunque resulte obvio que para un rally que ya se desplegó generoso, en tiempo y escala, lo que se discute es su última milla. La extensión de su último tramo. Importa sobremanera que la crisis árabe, cuyo traqueteo será a la postre insoportable y obligará a desensillar para reponerse, sea todavía una amenaza a la provisión de petróleo y no un daño tangible de proporciones. Es muy distinto chocar contra una muralla inamovible que pisar el freno por la bruma de la incertidumbre. Así el temido Día de la Furia en Arabia Saudita no fue tal, apenas un día más. Y ello abre un claro en la espesura. Tampoco Libia es un procedimiento expeditivo como lo fueron Túnez o Egipto. Y si bien la lucha allí es feroz, para la infraestructura petrolera resulta menos ruinosa que lo que podía suponerse. De hecho ni la suba vertical del precio de la crudo es una certeza.

En la semana se comprobó con un rápido tobogán ante las primeras sospechas de enfriamiento. Si el contagio saudí se evita o se pospone la coyuntura puede administrarse sin gatillar un shock petrolero (o, si se quiere, dilatando su irrupción). Bajo esa óptica los temores del jueves, la idea implícita de que la economía mundial ya se aquietó, podrán desmentirse con extrema facilidad. Y revisar un escenario entronizado, de gris oscuro a pardo claro, es resorte válido como cualquier otro si fuerza un reposicionamiento de portafolios. Interesa saber, en ese sentido, que el sentimiento alcista (bullish) en Wall Street decayó a los niveles que imperaban en septiembre, precisamente el umbral desde donde comenzó el avance. Y que la Fed, a diferencia del Banco Central Europeo, no planea una emboscada en su reunión de mañana. Más aún, si le concede el vía libre a la banca para incrementar sus dividendos podría suministrar el chispazo que encienda las bujías.

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