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Mercados del mundo en el confort de un castillo imaginario
Las cotizaciones han recuperado ya las alturas de mayo y lo que quedó del fatídico «sell in May» es una módica declinación. No hay miedo en los precios de las acciones. Más bien exhiben la templanza de haber soportado las vicisitudes de Grecia y España, los tibios balances empresarios y una magra actividad económica. Lo que no mata, fortalece. Wall Street, en mayo, era un hospital de campaña. Con el Dow Jones en 13.200 puntos, el S&P 500 otra vez por encima de 1.400 (y el NASDAQ, de los 3 mil), la calle luce de nuevo como una fortaleza. Entiéndase que todavía no hay pájaro en mano, pero con los mil que hay volando se piensa que no faltará el sustento.
Europa era lo más parecido al canario de las minas de carbón. El primero en perecer de asfixia. Pero Mario Draghi la rescató con su promesa de una jaula de oro. Un viejo dicho aconseja no pelearse con la Reserva Federal. ¿Tendrá validez universal? ¿Regirá también en la esfera del BCE? George Soros, en 1992, lo desoyó, se lió con el Banco de Inglaterra y se ganó mil millones de libras. Es que en Europa no ha sido mal negocio apostar contra sus rígidos arreglos cambiarios. No obstante, Draghi ha dicho, tajante, que el euro es irreversible, que se hará todo lo que sea necesario para que el proyecto común salga adelante, y de momento, nadie lo discute. Así, la semana que pasó, el IBEX de Madrid escaló el 4% y le abrió camino a la suba de todas las Bolsas del continente. El vapuleado Bankia trepó como un resorte y tuvieron que ser las propias autoridades las que comprimieran la euforia.
El rescate español, que antes era un destino ominoso gracias a las palabras de Draghi, ahora se vende como el ungüento que curará las heridas de todos.
Los mercados están firmemente apoyados sobre una urdimbre espesa de expectativas. No hay temor por Europa porque se confía en que el BCE intervendrá de una manera más eficaz -y decidida- que en el pasado. Draghi, al menos, avisó que así será. La idea que caló hondo es que el BCE comprará la deuda de corto plazo de los países que la crisis asedia. Y que lo hará sin la tibieza de otrora, que perseguirá un objetivo claro de tasa de interés. ¿Cómo se sabe? Así lo dio a entender Draghi en su conferencia de prensa. Y que eso de veras se cree, no quedan dudas. Desde que habló el italiano, la curva de la deuda española se empinó con nitidez, y lo hizo gracias a la baja rotunda de las tasas de corto plazo. Pero Draghi, ¿no planteó acaso que el BCE exigirá, antes de mover un dedo, que los países formulen una petición formal de rescate? Las Bolsas suben porque también descuentan que Rajoy deberá ceder; y sorber el trago amargo del salvamento, en los términos y condiciones que fije el BCE. Quizás Rajoy hoy esté atrapado en la duda cruel; para los mercados, en cambio, su decisión final asoma como una certeza. ¿Será que no ensaya resistencia? Cuando firme el rescate, España se anudará a una madeja de compromisos por años. El BCE seguirá siendo independiente. Podrá variar de política, tornarla más hosca, y no por ello España se librará después del chaleco de fuerza. ¿No habrá que presionarlo a Rajoy para que acepte un destino que siempre juró combatir? Los mercados pueden ejercer ese rol, pero, por cierto, no aprietan cuando suben, sino cuando se derrumban.
Mientras se pueda vivir de promesas, será lo mejor. Cuando haya que asentar definiciones específicas, ahí habrá que ajustarse el cinturón. En declaraciones a dos diarios de su país, este fin de semana, el presidente del Banco Central belga, Luc Coene, señaló que el BCE no debería intervenir más en la crisis de la eurozona. «Al hacerlo quita presión de los Gobiernos que son responsables de reformar su economía», sostuvo quien además es consejero del BCE. Sería un error, a su juicio, comprar ahora deuda española o italiana. A ver si queda claro: el Consejo del BCE tiene 23 miembros. Uno solo se opuso a las propuestas de Draghi (Jens Weidmann, titular del Bundesbank). O sea que Coene milita entre los que están «a favor». Pero, cabe preguntarse, ¿concretamente, a favor de qué está? Si se releen sus palabras, queda claro que existe un castillo imaginario que es el que alienta el alza de las cotizaciones, y otro real (con muchas menos comodidades), que es el que Coene debe haber aprobado. Ambos pasan por ser el futuro Palazzo Draghi.
Mientras los mercados no apuren las definiciones, habitaremos en el confort del castillo imaginario. Y eso es lo mejor a lo que podemos aspirar.

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