5 de julio 2012 - 00:00

Mercosur frente al proteccionismo

La reciente reunión del Mercado Común del Sur en Mendoza, con participación de sus socios regionales, dio lugar a un nuevo pronunciamiento contra el proteccionismo de los países del antes llamado «primer mundo» que se ha intensificado con la crisis que se viene profundizando desde hace casi un lustro a nivel planetario. Fue precisamente cuando en el documento final los presidentes de la Argentina, Brasil y Uruguay puntualizaron su preocupación por el «deterioro del escenario económico internacional».

El documento plantea la necesidad de avanzar en reformas en el comercio internacional «incluyendo la eliminación de todos los subsidios a las exportaciones agrícolas en 2013», en referencia a la llamada Ronda de Doha, la que se encuentra paralizada desde hace años ya que Europa, los Estados Unidos de América y Japón pretenden abrir a sus manufacturas el mercado de los llamados «países emergentes» sin mayores concesiones en cuanto a sus importaciones agrícolas, un tema en el que fue clave la Argentina para frenar un acuerdo de esa naturaleza en dicha Ronda en el marco de la Organización Mundial del Comercio. Fue durante una visita a la India del canciller Jorge Enrique Taiana, cuando el entonces subsecretario de Alimentos, Fernando Nebbia, convenció a las autoridades de ese país de la inconveniencia de aceptar las imposiciones sobre apertura comercial, cosa que estaba dispuesto a hacer el Gobierno brasileño de Luiz Inácio Lula da Silva.

La Argentina lleva una larga lucha contra el proteccionismo agrícola de los países centrales que se ha expresado en diversos foros internacionales a lo largo de varias décadas. Fue, precisamente, su Gobierno el que en 1928 puso la pica en Flandes en la materia. Entre el 16 de enero y el 20 de febrero de 1928, en la VI Conferencia Panamericana, celebrada en La Habana, siendo presidente Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, a través de su representante, Honorio Pueyrredón, el Gobierno argentino fue el pionero en plantear la cuestión de los mecanismos proteccionistas agroganaderos que por entonces ya implementaban las autoridades de los EE.UU. En 1926 ya se habían puesto trabas a las importaciones de alfalfa, carnes y frutas argentinas. Han transcurrido desde entonces casi 75 años sin que, en estos tres cuartos de siglo, hayan cambiado las tesituras de los que mantienen las trabas para las producciones de las periferias y de los que, desde éstas, reclaman un trato más justo.

Pueyrredón cuestionó, además, las intervenciones militares estadounidenses en el Caribe, como la más reciente en Nicaragua, y polemizó fuertemente con el emisario de Washington, Charles Evans Hughes. Este sostuvo que su país tenía derecho a tales operaciones armadas y que no aceptaba cuestionamiento alguno sobre sus políticas arancelarias y paraarancelarias. La postura de Pueyrredón obtuvo un amplio respaldo en cuanto a los atropellos territoriales, pero los restantes países latinoamericanos no avalaron la postura argentina sobre las barreras comerciales, lo que motivó que Alvear y el canciller Angel Gallardo dieran instrucciones de bajar el tono de la polémica cuando poco antes lo habían felicitado por sus intervenciones.

Preocupación

Alvear y Gallardo temieron que esa postura hiciese fracasar el tratado de unión panamericana en debate en dicha conferencia y, probablemente, les preocupaba no obstaculizar el proceso de inversiones estadounidenses que llegaban a la Argentina como parte de la primera gran industrialización que tuvo el país. Es que a la misma había concurrido el propio presidente estadounidense John Calvin Coolidge, el que dejó de regalo a su sucesor Herbert Hoover el estallido de la crisis iniciada en Nueva York en octubre de 1929. Así fue que Pueyrredón renunció a la representación y a su cargo de embajador en los EE.UU. y fue reemplazado en esa cumbre por el embajador en Cuba, Laurentino Olascoaga, quien abandonó la pelea contra el proteccionismo. La cuestión, de todos modos, volvió a ser planteada durante el segundo Gobierno de Hipólito Yrigoyen, en el que Pueyrredón fue un hombre de peso.

Pasaron 20 años y el 1 de enero de 1948 el Gobierno de los Estados Unidos puso en marcha el Plan Marshall, de claro tinte proteccionista, que dejó fuera del mercado como proveedores agroganaderos a buena parte de Sudamérica, en particular a sus competidores naturales como la Argentina y Uruguay, en carnes y cereales, y al Paraguay, en algodón. En consecuencia, el Gobierno argentino, que se manejaba a través del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el famoso IAPI, sufrió un fuerte golpe económico que obligó a introducir importantes cambios estratégicos a la administración de Juan Domingo Perón, que, a partir de entonces, y sólo con España como cliente en Europa, giró su accionar fundamentalmente hacia la integración regional con América Latina y complementariamente hacia otros estados de lo que luego se denominara el «tercer mundo», a la par que se abrían las puertas de los países del socialismo real al designar, poco antes, en abril de 1947, embajador en Moscú al bloquista sanjuanino Federico Cantoni. Desde entonces las posturas contra el proteccionismo no han cesado y se han sumado otros países.

(*) Docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.



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