Metáfora de un país que no sabe qué espera

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«La pesca». Libro y Dir.: R.Bartís. Int.: L.Machín, S. Boris y C.Defeo. Esc.: N. Laino. Ilum.: J. Pastorino. Vest.: M.Banach. Mús.: C.Baliero. (Sala «Sportivo Teatral».)
En el rito masculino de la pesca todo es paciencia y concentración, largos silencios y muchos sobreentendidos. Los pensamientos se desordenan y el tiempo tiende a salirse de su cauce, arrastrando hacia la superficie algunos residuos del pasado.
El nuevo espectáculo de Ricardo Bartís (el primero de una trilogía deportiva que continuará con «El box» y «El fútbol»), sumerge al espectador en la misma espera que sus protagonistas, lo hace testigo de sus frustraciones y también de sus tragicómicos desvelos.
Ver pescar a Don Atilio (Carlos Defeo), René (Luis Machín) y Miguel Angel (Sergio Boris) es una experiencia que se disfruta sin prisas, con una mezcla de aprensión y ansiedad frente aquello que acecha debajo del agua. Aunque también hay risas, provocadas por las desopilantes ocurrencias de estos antihéroes. Linterna en mano, el trío se interna en las derruidas instalaciones de un antiguo club de pesca «bajo techo» que permanece escondido en las profundidades del arroyo Maldonado. De aquellas tumultuosas aguas sólo ha quedado un charco, donde supuestamente anida la tarira «Titán».
Dos de los hombres tienen la intención de volver a poner en marcha aquella agrupación legendaria, pero poco a poco los va envolviendo la melancólica atmósfera del lugar. La iluminación de Jorge Pastorino tiene mucho que ver al respecto, además de intervenir la acción dramática con un gran sentido lúdico (por ejemplo, cuando los protagonistas crean una noche ficticia).
Cuando se los escucha divagar sobre amores frustrados, sexo, política, peronismo y técnicas de pesca, la escena se ilumina con un humor pícaro y payasesco; aunque a la vez, sufran por las mujeres que nunca tendrán o por los ideales que nunca se cumplieron. Pero ellos, claro, no hacen otra cosa que pescar y ponerse nostálgicos. Sus pequeños gestos y acciones tienen mucho más peso que sus palabras y éstas, a su vez, no son más que hilachas de un relato colectivo que perdió su norte. Al fin y al cabo, los tres forman parte de una sociedad que no sabe lo que espera, ni ha podido procesar sus conflictos de las últimas cuatro décadas.
«La pesca» cuenta con magníficos intérpretes: Defeo, caracterizado de anciano asmático; Boris en el rol de porteño agresivo y neurótico, y Machín, como un hombre infantil y romántico que ni siquiera sabe besar. Sus actuaciones resultan inolvidables.
El pozo en donde pescan es real. Bartís decidió perforar el suelo de su sala como un gesto de desafío hacia las convenciones teatrales y tal vez, como un llamado de atención para quienes todavía piensan que hacer teatro es sólo un amable pasatiempo.

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