15 de febrero 2010 - 00:00

“Metrópolis” en Berlín a toda orquesta

Contra el icónico marco de la Puerta de Brandenburgo, y temperaturas bajo cero, la Berlinale vio «Metrópolis» como en 1927.
Contra el icónico marco de la Puerta de Brandenburgo, y temperaturas bajo cero, la Berlinale vio «Metrópolis» como en 1927.
Berlin - Durante diez días apretados de cine y otras actividades conmemorativas, los organizadores de la 60 edición de la Berlinale tiran la casa por la ventana, tanto cuanto lo permite una nieve inclemente. La pièce de resistance cara al gran público cinéfilo de la ciudad es la instalación de una pantalla gigante en la icónica Puerta de Brandenburgo, donde se pasan continuamente imágenes vinculadas a las seis décadas del certamen. Es un viaje apretado por la historia de la ciudad desde 1951, cuando nació el festival para sostener la moral de los ciudadanos rodeados por el muro comunista.

La restauración de «Metrópolis», el clásico de ciencia-ficción de Fritz Lang de 1927, se celebró a todo trapo el viernes en el reluciente teatro Friedrichstadtpalast, en la también remozada Friedrichstrasse con orquesta y trasmisión directa a la pantalla gigante. La película -una producción legendaria de los estudios UFA dirigida por Lang -el Steven Spielberg de su época- ha recuperado casi su duración inicial gracias al descubrimiento de los argentinos Paula Felix-Didier y Fernando Peña en 2008.

La Fundación Murnau se hizo cargo de esta nueva restauración (en 2001 presentaron una prolija version con los materiales disponisbles) y la Deutsche Kinematek ha organizado una completa muestra en su museo. Paula Felix-Didier, directora del museo del cine porteño, vino a presentar un mediometraje documental sobre la pesquisa detectivesca que llevó indagar en las latas de una donación particular, que resultó estar catalogada. Contó con mucha gracia los pormenores de una esforzada labor para convencer a los expertos alemanes. Viajó a Berlin custodiando celosamente la copia sacada de la película en 16mm.

El mediometraje en cuestión es de Diego Panich y Laura Tusi y se llama «Metropolis Refound», que cuenta la historia del negativo guardado en Buenos Aires con la versión original casi completa de la película de Lang, y que seguramente será uno de los «bonus» de la futura edición en DVD. La charla fue una de las más concurridas del Festival de Berlín: la reunión pública de historiadores congregados para compartir impresiones sobre dicha versión. «Metropolis Refound» no figura en el catálogo on line de la Berlinale, pero terminará siendo el título argentino con más funciones dentro del festival, ya que hasta el 25 de abril integra la exposición «The Complete Metropolis» de la Deutsche Kinemathek berlinesa, donde, entre otras piezas, reina «la falsa María», el robot con figura de mujer que incita a los obreros a destruir la ciudad. El trailer del documental argentino ya está en youtube.

Como en los últimos años la presencia argentina en las diversas secciones del festival es mínima pero representativa -Natalia Smirnoff en la competencia oficial el próximo jueves, con «Rompecabezas», una coproducción con Francia, e Inés de Oliveira Cézar, en el prestigioso Foro, con «El recuento de los daños», vista el viernes.

Aprovechando el surco abierto por la talentosa Lucrecia Martel en el circuito internacional, De Oliveira Cézar practica intrépida el cine de autor, facilitado por el crédito inicial del Instituto de Cine y Artes Audiviosuales. Una historia minima, elegantemente encuadrada, con imágenes bloqueadas y desenfocadas, apoyada en una banda sonora bien trabajada, la película utiliza un choque automovilístico, fuera de cuadro, como plataforma alegórica para hablar del impacto (el «daño» del título) de los desaparecidos en los años setenta.

La tragedia de Edipo, que mata a su padre y se casa con la madre, provee el marco dramático, explicó la directora con simpatía al público atento que abarrotaba la sala, señalando que los griegos importan todavía hoy. Este cine hermético tiene sus cultores y persiste gracias a subsidios oficiales y la presencia en festivales, pero no se conecta ni por equivocación con el gran público.

Roman Polanski fue la gran ausencia presente en estos primeros días, con «The Ghostwriter» en la competencia oficial, un thriller politico sobre un ex-primer ministro inglés (Pierce Brosnan, à la Tony Blair, tal como publicó este diario la semana pasada) que está escribiendo unas memorias presuntamente explosivas. El director polaco está en plena forma cinematográfica, sacando estupendo partido de los elementos hitchcockianos de la novela original del británico Robert Harris sobre la dinámica de los politicos poderosos desconectados de la realidad.

La historia se apoya, como en los clásicos de Hitchcock, en un protagonista inocente, Ewan McGregor, que interpreta al escritor contratado para pulir el manuscrito. El costo y la necesidad de buscar la verdad, a pesar de las fueazas malévolas que lo impiden, es un tema recurrente de Polanski, como bien quedó señalado en la conferencia de prensa, donde Ewan McGregor y Pierce Brosnan ponderaron el profesionalismo del director. Reivindicando la primacía de la historia, el diseño de los personajes y la lógica, el co-guionista de Polanski demostró por qué este tipo de películas mantiene al espectador al borde del asiento.

Con el énfasis también puesto en la trama, la psicología de los personajes y la lógica sometida a una vuelta de tuerca, Martin Scorsese trasladó el best-seller «Shutter Island» a la pantalla. Un cóctel entre Hitchcock (una vez más...) y «El gabinete del Doctor Caligari», el melodrama se impone al horror, y la opulencia visual desemboca en el impacto de un desenlace inesperado. Leonardo Di Caprio, en el papel protagónico y dejando atrás la lozanía de los veintitantos años, brindó el voltaje estelar que busca todo festival.

* Enviada Especial

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