22 de enero 2014 - 00:00

México: refugio de Kerouac en ruinas y casi olvidado

Jack Kerouac posa en la histórica foto de la derecha con Allen Ginsberg, Peter Orlovsky y de rodillas, Gregory Corso y Lafcadio Orlovsky, en la Plaza Luis Cabrera de la Colonia Roma de Ciudad de México, a metros de su departamento-“refugio”, en noviembre de 1956.
Jack Kerouac posa en la histórica foto de la derecha con Allen Ginsberg, Peter Orlovsky y de rodillas, Gregory Corso y Lafcadio Orlovsky, en la Plaza Luis Cabrera de la Colonia Roma de Ciudad de México, a metros de su departamento-“refugio”, en noviembre de 1956.
México- El departamento donde vivió algunas temporadas en la capital mexicana el famoso poeta "beatnick" Jack Kerouac, lugar donde escribió algunas de sus obras, como "Tristessa", está en ruinas y casi olvidado, pero aún es centro de un discreto peregrinaje de sus admiradores.

El "refugio" donde estaba instalado su dormitorio fue demolido hace una década, pero el edificio todavía se yergue orgulloso, como si albergara algún oscuro secreto, en plena colonia Roma, un barrio tradicional de la urbe que vibra de nuevo al ritmo de cafés, librerías y galerías de arte.

El fantasma de Kerouac parece pasearse por el lugar y algunos vecinos aún recuerdan las noches en que deambulaba, como alma en pena, bajo los efectos de la droga y el alcohol, por las calles de este tradicional barrio capitalino.

Entre 1950 y 1961 Kerouac pasó varios meses en la capital mexicana y siempre se instalaba en este modesto y hasta sórdido departamento, donde escribió libros como "Tristessa" y "Mexico City Blues".

El 30 de octubre pasado la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes organizó un recorrido denominado "Mexico City Blues: La colonia Roma de Jack Kerouac", coordinado por el escritor Alberto Peralta, por las calles que solía recorrer el poeta. La colonia Roma cayó en el abandono y la decadencia tras el terremoto de 8,1 grados Richter del 19 de septiembre de 1985, que derrumbó numerosas viviendas y edificios, pero ha recobrado vitalidad en los tiempos recientes. Es el espacio donde los poetas beat, incluido Allen Ginsberg, que solía "dar un salto" de vez en cuando hacia México, pasaban algunas temporadas en la época en que eran unas celebridades del movimiento contracultural. 

"México se convirtió para ellos en un lugar de libertad en el que escribieron, en una forma que llamaron automática, sus más celebradas obras", recuerda Peralta. Las calles de la colonia Roma, sus rincones y parques fueron "lugares de gozo, sufrimiento e inspiración" para libros como "Mexico City Blues", su más famoso poemario, y "Tristessa", una novela corta, según los especialistas en este movimiento. "El ambiente y arquitectura, plasmado en la escritura delirante de Jack Kerouac, permanecen vivas a pesar de los profundos cambios que ha experimentado la ciudad", afirma el escritor mexicano.

Kerouac habitó la vivienda ubicada en el 210 de la calle de Orizaba, pero primero llegó a Cerrada de Medellín 37, en el mismo barrio, donde habitaba su maestro William S. Burroughs.

La atracción de Kerouac por esta urbe superpoblada pero con cierto aire surrealista le vino de Burroughs, que huyó a México precisamente cuando era perseguido por tráfico de drogas y donde mató a su esposa jugando a Guillermo Tell en una desenfrenada fiesta en la cual hubo abundante consumo de LSD.

Burroughs eludió la justicia mexicana gracias a la ayuda de amigos con buenas conexiones en este país. Los seguidores de Kerouac han querido colocar una placa en la fachada del departamento donde vivió para recordar al poeta, pero los vecinos se oponen. "Preferiría que no, para conservar este tufo underground" en el que se solían mover los personajes de la contracultura como Kerouac, Burroughs, Ginsberg, Ken Kesey y Timothy Leary, afirma Jorge García-Robles, escritor, traductor y estudioso de la obra de la generación beat.

Para el experto, México era "como un espacio literario" que eligieron los beatniks y dijo que durante la década que vino a la capital azteca Kerouac le mostró un gran afecto por ser "un país idílico, profundo, religioso".

En "Tristessa", Kerouac describe así su llegada a esta ciudad: "Se escucha el tremendo rugir de un avión de Pan American que desciende al aeropuerto de Ciudad de México con pasajeros de Nueva York que buscan que sus sueños terminen de manera diferente".

"La tierra prometida tiene menos que ver con el paisaje que con la oportunidad de ser otro. Estar en el camino provoca un asombro interior"
, afirma el escritor Juan Villoro sobre la presencia de Kerouac en México.

Agencia ANSA

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