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“Mi cine son cuentos: me cuesta llegar a los 90 minutos”
Carlos Sorin: «Trabajo con presupuestos razonablemente chicos, con eso me arreglo. Y estoy tan acostumbrado que si me dieran tres veces más plata no sabría qué hacer».
Periodista: ¿Cómo va la agenda de «Días de pesca»?
Carlos Sorin: Acá estreno el 15, en Francia el 12 de diciembre (como «Jours de pêche en Patagonie»), en España a mitad de enero. Además me invitaron a los festivales de Calgary, Marrakech, La Habana, Miami y Friburgo. Ahí fui tres veces y gané dos. Y a San Sebastián fui cuatro veces y gané cinco
P.: ¿Cómo es eso?
C.S.: Competía mi segunda película, «Eternas sonrisas de New Jersey». Me parecía tan mala que no me animé a ir a presentarla. Pero con ella Mirjana Jokovic recibió el premio a mejor actriz.
P.: Y ahora Alejandro Awada merecía ganar el de mejor actor, por su composición de ex bebedor que quiere reencontrarse con su hija. Casi todos decían que el premio estaba entre él y Jean Rochefort (pero se lo llevó José Sacristán, en fallo dividido).
C.S.: No vi los otros trabajos. Pero Awada es un gran actor, con especial manejo del cuerpo y del espacio. Hay que ver cómo en cada escena camina en función de lo que le está pasando al personaje. ¡Y la cara! Hay cosas chiquitas que son de su total autoría, como la mirada de desesperación cuando el yerno se va. Yo
no le había indicado nada. Y ella, Victoria Almeida, lo mismo. Qué buena actriz, con cuánta sutileza refleja el tsunami que pasa dentro de su personaje.
P.: ¿Es cierto que para darle ese papel dramático le bastó verla en una foto vestida de payaso?
C.S.: Sí, había puesto en el buscador «actriz 25 años» y encontré una chica vestida de payaso pero con una mirada muy particular, entre culposa y acusadora. Vi otra foto y no tuve la menor duda, ella era la actriz que buscaba. Por ahora la intuición no me falla. Con Awada, apenas mi hijo me mostró el trailer de «Verdades verdaderas» dije «es él», lo llamé enseguida y en 15 minutos ya estaba cerrado el tema. Luego nos reunimos dos veces, la segunda hablamos generalidades, y a filmar.
P.: ¿El resto son «no actores»?
C.S.: Sí, los colombianos que aparecen son colombianos, la enfermera es enfermera, el instructor de pesca es eso, el entrenador de boxeo es Oscar Ayala, preparador de Locomotora Castro, y el que aparece en el gimnasio como Cochocho Godoy con el cinturón de campeón es él mismo, que fue campeón mundial supermosca y cuando perdió no devolvió el cinturón. Pagó la multa y ahora es barrendero en Comodoro Rivadavia pero conserva su trofeo. A ellos ni necesito darles texto, y cuando digo «corten» todo sigue igual porque son ellos mismos.
P.: Pero hay que saber encontrarlos.
C.S.: En eso soy una base de datos.
P.: A propósito, ¿qué es de la vida de Juan Villegas, el protagonista de «El perro»?
C.S.: Sigue estacionando autos como todos los días, pero entretanto apareció en «El camino de San Diego» y trabajó en una miniserie española. En cualquier momento lo meto en otra película. Yo, si puedo hacerlos reincidir, lo hago.
P.: Quien reincide es el músico Nicolás Sorin.
C.S.: Ya llevamos seis títulos. Al principio charlábamos un poco, pero en las dos últimas, apenas vio las primeras imágenes compuso algo y ya pude decirle «ahí nomás, hijo, ni lo toqués, ese es el tema que quiero». La entiende muy bien, de adentro. Aparte, hizo un postgrado para música de cine en el Mancini Institute (por Henry Mancini), es el compositor e instrumentista de Miguel Bosé, y tiene un grupo de jazz-fusion, el Sorin Octeto, que es un octeto de once, ya parece una big-band. También me ayudan mis otros tres hijos, como asistente de cámara, directora de casting, y diseñadora de objetos que habrán de aparecer en ciertas escenas. Y el bebé que aparece en la película es mi nieto. Somos la Sorin Entertainment.
P.: ¿Y su mujer?
C.S.: Ella produjo «El gato desaparece», y me aguanta desde antes de la primera película, lo que es todo un oficio.
P.: ¿Por qué «Dias de pesca» dura apenas 80 minutos? Toda la gente quiere que siga diez minutos más.
C.S.: ¿Sabe lo que me costó llegar a esos 80? Es que mis películas son como cuentos. En «La ventana» me inspiré en Chéjov, y en este caso en Raymond Carver, un minimalista maravilloso. Todos sus dramas pasan por pequeños instantes, pequeños datos. Y a partir de eso uno intuye el resto. Por ejemplo, «Leña», donde un ex alcohólico se pone a cortar leña, y cuando ve la pila que cortó se siente bien, hizo algo, y «La casa de Jeff», donde a otro le prestan una casa, llama a su ex mujer, disfrutan unos días, pero sabemos que es una felicidad atada con hilos. Un cuento bellísimo. Una vez pensé en comprar los derechos, pero se me hubiera ido todo el presupuesto de una película, un disparate. Yo trabajo con presupuestos razonablemente chicos, con eso me arreglo. Y estoy tan acostumbrado que si me dieran tres veces más plata no sabría qué hacer.
P.: ¿Tal vez comer opiparamente todos los días de rodaje, como hacen algunos?
C.S.: Me hizo acordar a Ulises Dumont. Cuando viajamos a la Patagonia para rodar «La película del rey» su equipaje más preciado eran los pinchitos para la brochette. Pasaba hablando de comida hasta el momento en que yo decía «acción». Y ahí entraba inmediatamente en su personaje, y entraba bien, una actuación impecable.
Entrevista de Paraná Sendrós

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