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Miles Davis más pop que jazzero pop

Este disco nació como un proyecto de colaboración con el cantante Prince, en una época en que el genial trompetista Miles Davis fallecido en 1991 coqueteaba con el pop, el funk y hasta el hip hop, por lo que fue defenestrado por muchos jazzeros estrictos. Abortada esa sociedad, terminó trabajando junto al bajista y compositor Marcus Miller, quien sería el autor de la mayoría de los temas y de los arreglos para un álbum que se grabó entre febrero y marzo de 1986 en Nueva York y Los Angeles. Dedicado al arzobispo sudafricano Desmond Tutu, el disco tiene un estilo que va del funk al rythm & blues. Al listado de creaciones de Miller se agregaron una pieza del tecladista del grupo George Duke y otra de la banda Scritti Politti. Y con una fuerte presencia de los sonidos electrónicos de sintetizadores, secuenciadores y máquinas de ritmo, el personal se completa -entre instrumentos «reales» y producción digital- con Jason Miles, Paulinho da Costa, Adam Holzman, Steve Reid, Omar Hakim, Bernardo Wright, Michal Urbaniak y Jabali Billy Hart.
Unos meses antes de que el disco viera la luz, lo presentaron en un concierto en el Festival de Niza, con cambios y agregados de temas y con el mismo estilo, aunque extremado aún más en el vivo. Y la grabación resultante fue a parar a lo que sería la edición Deluxe. Material curioso, desviación extravagante de un artista controvertido, hiriente para los oídos puristas, genial para los más familiarizados con el pop. Fue el penúltimo trabajo en estudio de Miles Davis y acaba de ser reeditado. Por cierto que valía la pena.
Ricardo Salton


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