17 de julio 2009 - 01:18

Militantes de Zelaya coparon rutas, mientras Chávez atiza guerra civil en Centroamérica

Seguidores de Manuel Zelaya caminan ayer hacia un piquete en Tegucigalpa. El mandatario derrocado apuesta a que la presencia en las calles no decaiga hasta ser restituido.
Seguidores de Manuel Zelaya caminan ayer hacia un piquete en Tegucigalpa. El mandatario derrocado apuesta a que la presencia en las calles no decaiga hasta ser restituido.
Tegucigalpa y La Paz - En medio de una jornada de protestas y cortes de ruta que logró paralizar bastante la actividad de Honduras y motivó la reinstauración del toque de queda por parte del Gobierno golpista de Roberto Micheletti, Hugo Chávez advirtió que la situación podría complicarse y derivar en una guerra civil.

En Tegucigalpa, miles de manifestantes cerraron las salidas hacia el norte y el sur del país, al tiempo que se producían manifestaciones similares en los departamentos caribeños de Colón, Atlántida y Cortés; Comayagua, centro; Yoro, norte y los occidentales de Santa Bárbara y Copán, informaron dirigentes de las protestas.

Rafael Alegría, dirigente campesino y miembro del Frente Nacional de Resistencia Popular, que exige el regreso del depuesto mandatario Manuel Zelaya, dijo que si no se logra un acuerdo entre mañana y el domingo en la segunda ronda de diálogo que auspicia el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, el próximo lunes «habrá un paro general». Los manifestantes de la capital cortaron el tráfico de entrada y salida de las dos rutas más importantes en la región central, la del sur, que además lleva hacia las fronteras con El Salvador y Nicaragua, y la del norte, que conecta con el occidente y puntos limítrofes con Guatemala.

Marchas

Las marchas fueron apoyadas por el presidente Zelaya, quien en una comunicación telefónica reproducida en algunas ciudades por altavoces llamaba a continuar con las manifestaciones. «Les pido mantenerse en resistencia. No desistan en ningún momento, si no, Honduras se derrumba», advirtió Zelaya a sus seguidores. A esto se le sumó ayer el regreso al país del diputado César Ham, quien será el abanderado de la lucha en el interior del país por la reinstauración del depuesto mandatario en el cargo.

Esta agitación, si bien fue pacífica y sin incidentes, provocó la respuesta del Gobierno interino de Honduras, que restableció el toque de queda entre anteayer y ayer por miedo a las «continuas y abiertas amenazas de grupos que buscan provocar disturbios y desorden en algunos lugares del país», según indicaron fuentes de la Casa de Gobierno. En las primeras dos semanas que estuvo vigente el toque de queda, fueron detenidas al menos 1.286 personas en el país.

La situación es tensa y promete acelerarse durante el fin de semana. Chávez se encontró con su escenario preferido: «La situación de Honduras tiende a complicarse, se tensa más, y ojalá, Dios no lo quiera, pero pudiera terminar en una guerra civil que pudiera desparramarse sobre Centroamérica», dijo desde La Paz, Bolivia, donde participa en las celebraciones del bicentenario del grito libertario.

El mandatario venezolano dijo que Zelaya está dispuesto a regresar a Honduras a retomar la presidencia, y hasta morir ingresando a su país por tierra o mar.

Esta información fue ratificada por el presidente de Ecuador Rafael Correa. «Zelaya nos ha comunicado que está dispuesto a regresar a Honduras, así tenga que morir en Honduras. Pero él quiere estar con su pueblo y esta decisión cuenta con el respaldo de sus colegas y amigos del ALBA, y creo de toda América Latina», sostuvo.

Al cierre de sus declaraciones, Chávez vaticinó con ironía que «Zelaya vuelve en Honduras y este 'Goriletti' (alusión a Roberto Micheletti) va para el basurero de la historia porque trató de retrocedernos a los siglos pasados».

Siguiendo con esta tónica y en un cerrado apoyo al Gobierno constitucional de Honduras, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) José miguel Insulza explicó que «el pecado original debe ser lavado». Cualquier solución «necesariamente tiene que pasar por la reinstalación de Zelaya», insistió Insulza, quien calificó el golpe de Estado del 28 de junio como una «violación de la democracia» y un «paso atrás para toda la región que no se puede permitir».

Estas palabras son una tajante respuesta a la posibilidad que planteó Micheletti de renunciar al cargo si es que se buscaba un sucesor que no fuera Zelaya.

La postura de la OEA encontró eco en las palabras del presidente costarricense y mediador en el conflicto hondureño, Oscar Arias, quien aseveró que «el restablecimiento del orden constitucional pasa por la restitución del presidente José Manuel Zelaya», y anticipó que en la reunión del sábado con el gobernante depuesto y Micheletti va a «a proponer un gobierno de reconciliación nacional», para lo cual recomendará «hablar de una amnistía sobre delitos políticos, en particular para Zelaya», sobre quien la Justicia hondureña ha emitido una orden de captura por 18 delitos.

Los manifestantes en Tegucigalpa advirtieron que, si no hay avances, realizarán un paro nacional el lunes, y en el entorno de Zelaya anuncian un regreso del ex mandatario de cualquier manera.

Agencias EFE, Reuters, ANSA, AFP y DPA

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