Shlomo Mintz cerró superlativamente el ciclo Grandes Virtuosos del Violín de Amijai, institución que también lo convocó para presidir el Primer Concurso Internacional de Violín, Buenos Aires 2010.
Ciclo Grandes virtuosos del violín. Shlomo Mintz y grupo de cámara Estación Buenos Aires. Dir.: R. Gíntoli. (Templo de la Comunidad Amijai).
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El violinista Shlomo Mintz volvió a Buenos Aires para brindar un concierto y realizar la presentación formal del Primer Concurso Internacional de Violín, Buenos Aires 2010, en el marco de las celebraciones por el Bicentenario. El certamen, presidido por Mintz y organizado por Amijai y la Fundación YPF, contará con un destacado jurado internacional, y a partir del 1 de agosto comenzará la inscripción para llegar a la preselección en el año próximo.
En cuanto al programa de clausura del breve ciclo de Abono «Grandes Virtuosos del violín», organizado por Amijai para esta temporada, la idea original era que Mintz ofreciera un programa dedicado a Félix Mendelssohn junto a la Orquesta de la televisión estatal. Por la emergencia sanitaria, la orquesta desistió y el violinista ruso-israelí debió cambiar sobre la marcha programa y acompañamiento. Finalmente el concierto contó con «Estación Buenos Aires», un conjunto de cámara formado en 2008 que dirige el gran violinista argentino, Rafael Gíntoli. En la primera parte, Gíntoli, Jorge Bergero (violoncello) y Paula Peluso (piano) interpretaron «Las cuatro estaciones porteñas» de Astor Piazzolla (en transcripción para trío de José Bragato). Con vehemencia y profundo porteñismo, el trío de excelentes músicos brindó una cálida y expresiva versión de las cuatro piezas inspiradas por la cultura tanguera, y evidentemente, por las de Antonio Vivaldi.
En la segunda parte, un brillante Shlomo Mintz fue el indiscutido protagonista de «Las cuatro estaciones» de Vivaldi. No resultó fácil conciliar la afinación del violín solista y del concertino de «Estación Buenos Aires». De ahí que en ciertas oportunidades esta última fuera vulnerable, pero el arte superior de Mintz hizo el milagro y se tuvo, finalmente, una versión rigurosa en los aspectos estilísticos, de rotunda musicalidad y de rigor técnico, tanto del solista como del grupo, esta vez dirigido por Mintz.
La calidad de los intérpretes argentinos, desde Gíntoli a cada uno de los integrantes del conjunto, hacen que cualquier dificultad que se insinúe, se allane de inmediato y todo vuelva a fluir por caminos deseados como ocurrió en esta oportunidad.
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