3 de mayo 2011 - 00:00

Minujín y su Torre de Babel con libros de todo el mundo

Marta Minujín posa con la estructura de La Torre de Babel de Libros que se erigirá con volúmenes llegados de todo el mundo y en todas las lenguas conocidas en la Plaza San Martín porteña.
Marta Minujín posa con la estructura de La Torre de Babel de Libros que se erigirá con volúmenes llegados de todo el mundo y en todas las lenguas conocidas en la Plaza San Martín porteña.
Marta Minujín toma la idea de la historia bíblica sobre el castigo divino a los hombres que pretendían construir una torre para alcanzar el cielo haciéndolos hablar a todos diferentes lenguas, y la convierte en una obra de arte «grandi-elocuente», emplazada en pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires.

Con motivo del nombramiento de nuestra ciudad como capital Mundial del Libro, este ambicioso proyecto de Minujín va a medir 25 metros de altura que albergará 20.000 libros de diferentes idiomas. La misma se materializa de una estructura helicoidal de 7 pisos recubierta por 30.000 libros en diferentes idiomas.

Para la realización de la gran Torre de Babel de libros participaron países de todo el mundo donando libros en diferentes lenguas. De hecho, no es ésta la primera vez que Marta Minujín nos aporta su testimonio sobre la contingencia comunitaria y plural del arte, como inseparable de la vida. Si recordamos sus happenings, sus ambientaciones, sus monumentos efímeros de mitos populares, veremos que la clave de su obra ha sido lo efímero, lo transitorio: en suma, lo vital.

Minujín ha desarrollado su arte con énfasis vitalista, convocando en la mayoría de sus sorprendentes creaciones, la participación activa de los espectadores.

Luego de su primera muestra individual en 1959, Minujín se radica en París gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes, prolongada luego por el Gobierno de Francia hasta 1963.

En 1962, asoma en Buenos Aires el Pop Art, con la muestra «El hombre antes del hombre», en la que participó, junto con otros artistas.

A diferencia del estadounidense, el Pop Art argentino fue más bien una etapa de tránsito hacia nuevos discursos estéticos. Nuevas corrientes que hallaron estímulo y espacio privilegiado en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella (1963-70), donde se desarrollaron Happenings y Ambientaciones, con el liderazgo indiscutible de nuestra artista. Sus Colchones multicolores (1964), y sus Laberintos, como La Menesunda y El Batacazo (ambas de 1965), fueron símbolo de una época. El happening es un collage de situaciones vivas que se desencadenan espontáneamente impulsadas por la artista en un reducido tiempo y espacio, como en Suceso, realizado en el estadio de Peñarol, en un helicóptero. De forma abierta y fluida, todo se desarrolla temporalmente como una sucesión de ocurrencias, que no existen más que una o algunas veces. Es un arte efímero, que se documenta.

Desde fines de 1966 hasta 1973 se radica en Nueva York con la Beca Guggenheim, y prosigue con sus experiencias con arte y tecnología, y los medios de comunicación de masas. El Minuphone, que elabora con la ayuda de técnicos de la Compañía Bell, presentado en la galería Howard Wise, tiene por objeto -según la artista- «dar a las personas una mayor conciencia de sí mismas, en relación con la tecnología, siempre impersonal».

Luego de sus ambientaciones, happenings y shows conceptuales, Minujin se volcó en 1977, a una nueva propuesta: el arte ecológico en acción, suerte de óperas cantadas, con frutas y vegetales. Empezó con Repollos, en el Museo de Arte Contemporáneo de San Pablo, y posteriormente Toronjas, en el Museo de Ciencias y Artes de México. Lo social se manifiesta con distintos matices: el humor, la exaltación, la crítica, el sarcasmo. Su arte como metadiscurso sobre la realidad también está presente en sus singulares réplicas de monumentos célebres (décadas del 70 y 80) y en sus esculturas fragmentadas, que realiza a partir de los años 80.

En el primer caso, el Obelisco Acostado, en la Bienal de San Pablo (1978) el Obelisco de Pan Dulce (1979), la Torre de Pan de Joyce (1980), el Carlos Gardel de Fuego (1981), la Venus de Queso (1981) y el Partenón de Libros (1983), que jugaban con lo transitorio y lo instantáneo, integran la gran parábola del arte de Minujín, como tiempo y espacio de la humanidad.

«La idea fue convertir la torre en un vehículo de cultura, unificar al mundo a través de los libros, por eso convocamos a otros países, para que nos hagan llegar sus libros en sus propios idiomas. Además, desde la torre la gente va a tener una visual maravillosa de la Ciudad, va a poder pasear entre los libros. Es una obra de arte efímera y de participación masiva», explicó la artista y agregó: «Será la mejor obra de mi vida».

Este proyecto enorme que, con el apoyo del Ministerio de Cultura porteño desde el 13 al 28 de mayo La Torre de Babel de Libros se erigirá en la explanada de la Plaza San Martín en Retiro.

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