31 de diciembre 2008 - 00:00

Mis verdugos viven como capitalistas

Cuando en 1994 me desvinculé por voluntad propia del sistema político impuesto en mi país, estaba convencida de que tendría que recorrer un largo y doloroso calvario. Hoy, casi 15 años después, puedo afirmar que la realidad superó con creces todas las valoraciones de aquel momento, porque los que nos decidimos a enfrentar pacíficamente a este Gobierno nos exponemos no sólo a su nefasto accionar, sino también a las agresiones del conjunto de verdugos nacionales y foráneos que lo secundan.
Durante estos casi 15 difíciles pero cada vez más esclarecedores años, siempre en condiciones de total indefensión, he sido víctima ininterrumpidamente de al menos tres variantes diferentes de verdugos:
1) El Gobierno cubano, principal e implacable verdugo, que aplica sus instrumentos sutiles y explícitos de violencia psicológica y física, contra los que, como yo, hemos dicho ¡basta! a la colonización de nuestras mentes y nuestras almas, conscientes de que «no hay servidumbre más vergonzosa que la voluntaria».
2) Los idólatras del régimen que, haciendo uso de las bondades de la democracia en sus respectivos países, vociferan contra el capitalismo, al tiempo que viven como capitalistas. Los que se rasgan las vestiduras cuando aquí en nuestra propia Patria hacemos uso del derecho a la libertad de expresión que nos asiste, y criticamos lo indiscutiblemente criticable. Los que predican teóricamente sobre derechos humanos y paz, y al unísono reverencian a un Gobierno de partido único, adicto al poder, implantado indefinidamente en Cuba; y que involucró a su pueblo en un número no precisado de guerras ajenas. Esos fariseos contemporáneos asumen como enemigos personales a todos los que el régimen clasifica como enemigos; y se convierten en nuestros verdugos, haciéndonos blancos de ataques infundados, crueles y superficiales, sin importarles el daño que ocasionan.
3) Hay algunos cubanos, afortunadamente la minoría, que jamás criticaron al Gobierno, pero a la primera oportunidad huyeron hacia la democracia utilizando las puertas abiertas en numerosas naciones, gracias a las luchas sostenidas durante medio siglo por compatriotas abnegados y valiosos. Esos cubanos de doble moral, beneficiados de la libertad que no ganaron con su esfuerzo, y otros que aún permanecen en Cuba, se erigen en jueces y verdugos, y cual serviles voceros del comunismo caribeño, atacan y calumnian a los que, más tarde o más temprano, nos atrevemos a alzar la voz aquí en Cuba, en defensa no sólo de nuestros derechos, sino de los derechos de todos, incluso de los derechos de nuestros verdugos y agresores; y de los de aquellos que optan por un silencio humillante y cómplice ante tanta ignominia.
He recibido también críticas de algunos cubanos respetables, que, con loable claridad, vislumbraron tempranamente el peligro que amenazaba a nuestra isla, guardaron prisión durante años por su lucha en aras de la libertad; y ahora, radicados en el exilio, muestran incomprensión hacia los que, como yo, según sus criterios, tardamos en valorar en su justa medida la verdadera naturaleza del régimen. Opino humildemente que con una actitud de mayor tolerancia cristiana, estos compatriotas podrían ayudar más eficazmente a la imprescindible unión de todos los que anhelamos una Patria nueva, sin los vicios e injusticias del pasado, y sin el horror del presente.
Es ciertamente una triste y desalentadora realidad, ante la cual cabe preguntar: ¿Qué pueden esperar los que ahora decidan dar un paso similar al que yo he dado dentro de Cuba?
Ciertamente, es una triste y desalentadora realidad. No obstante, con mis más de 65 años, enferma y sola en Cuba, continuaré mi modesta misión en pos de lo que considero mejor para mi país, bajo la implacable vigilancia de mis verdugos, y a pesar de mis verdugos. Trato así de ir saldando mi deuda con mi conciencia, con mi inocente y torturada familia; y con la tierra donde nací. Me alegra contar con este espacio, que me permite interconectarme con el mundo; y que dedico a mi adorada familia: hijo, nuera, nietos y madre. Aquí expondré regularmente mis testimonios, comentarios, opiniones y variados artículos.
Con la ayuda de Dios, estas publicaciones periódicas sólo concluirán cuando concluya mi vida. Tengo la esperanza de que constituirán mensajes de alerta sobre la terrible realidad del sistema ideológico-político-social-económico en que ha transcurrido la mayor parte de mi existencia.
* Médica neurocirujana. Los Castro le impiden salir de la isla para ver a su familia en la Argentina. Primer texto publicado en el blog hildamolina.blogspot.com

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