2 de junio 2010 - 00:00

Mitos como receta contra la angustia

Mitos como receta contra la angustia
Luc Ferry «La sabiduría de los mitos. Aprender a vivir II» (Montevideo, Taurus, 2010, 421 págs.) 

Por lo común se suele contraponer el mito al logos, la fábula a la razón, la ficción a lo real. Se ha sostenido, y se sigue sosteniendo, que los mitos son meras leyendas, cuentos, relatos que en el mejor de los casos encubren consejos morales. Aún hay quienes usan la palabra mito como sinónimo de fantasía, engaño. Sin embargo, en versiones menos peyorativas, el mito es una historia sagrada que explica la constitución del mundo (Mircea Eliade), o trata de una pregunta sobre la existencia y el mundo, el nacimiento y la muerte, reconcilia polos opuestos por los que estamos cercados, presenta acontecimientos dramáticos a fin de conjurar nuestra angustia (Claude Lévi-Strauss). Y aún, según las tradiciones esotéricas órficas, la palabra mythos, significaba «secreto», un secreto que los maestros trasmitían a través de «una historia completa que se oirá en un breve lapso de tiempo» (Esquilo).

Para el francés Luc Ferry regresar a los mitos griegos es hoy fundamental, dado que «se vive en una sociedad hiperconsumista, completamente adictiva que nos engloba en una lógica de los objetos, que lleva a desear tener la cosa de inmediato y casi sin pensar cómo, algo que es extremadamente pernicioso para los jóvenes. Y a los que, el descubrimiento de los grandes relatos míticos puede distanciar de la necesidad imperiosa de poseer cosas, sus aventuras pueden ser un valioso arma contra la adicción alienante». Ferry, que además de profesor de filosofía y uno de los que sacó la filosofía a la calle y a los cafés, ha sido ministro de Educación de Francia, considera que el mito «en el ocaso de las religiones, cuando las creencias religiosas no tienen en Occidente la fuerza del pasado», vuelve a cumplir la función que tuvo en la antigua Grecia: ayudar a pensar a los humanos su condición en el seno del universo.

Los mitos, explica Ferry, allanan el terreno a las grandes filosofías, que son «doctrinas de salvación», tratan sobre saber cómo vencer los miedos ligados a la finitud, al hecho de ser mortales, y «lograr la serenidad sin recurrir ni a la fe ni a un ser supremo, sino ejerciendo la razón». Aclara que «aunque los mitos griegos están plagados de dioses, su grandeza propiamente filosófica es la de apartar la cuestión de la salvación de los hombres de sus poderes: a nosotros los mortales y sólo a nosotros, nos corresponde arreglarlo en la medida de lo posible, de manera imperfecta, sin duda, pero por nosotros mismos y mediante nuestra razón, sin la ayuda de la fe ni de los Inmortales», y agrega más adelante que los mitos «inventaran de manera genial una pluralidad de respuestas que nos ofrecen, aún hoy, otras tantas posibilidades de comprender nuestras vidas».

Luc Ferry, que participa junto a los filósofos André Comte-Sponville y Michel Onfray en el «materialismo humanista», recorre en esta obra singular: «el nacimiento de los dioses y del mundo», cómo se pasa del caos al orden, la desmesura (Hybris) o «cómo la carencia de sabiduría echa a perder la existencia de los mortales», «¿por qué y como ha sido creada la humanidad», «la sabiduría de Ulises o la reconquista de la armonía perdida», «la misión de los héroes: garantizar el orden del cosmos», «Edipo o por qué se castiga a menudo a los mortales sin que hayan pecado», entre otros temas.

Para los aficionados a la filosofía, que polemizarán con algunas de la interpretaciones de Ferry, resulta especialmente atractiva «La lección de Dionisio y la espiritualidad laica», donde contra aquellos que lo consideran un divulgador, un autor de best sellers y un autor new age a la francesa, muestra sus cualidades de filósofo.

M.S.

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