20 de noviembre 2015 - 00:00

Mitos y realidades para el próximo presidente

Mitos y realidades para el próximo presidente
 El debate entre Scioli y Macri aparentemente no cambió las expectativas referentes a la situación política y económica de la Argentina a partir del cambio de Gobierno. El planteo de que el próximo presidente va a enfrentar una peligrosa situación de desequilibrio económico parece ignorar que la problemática a que se enfrentará es la que hoy ya existe y el Gobierno se empeña en ignorar. El primer paso a seguir es restaurar la seguridad jurídica que implica el cumplimiento de los principios y derechos que garantiza la Constitución. Para ello se requiere indefectiblemente la separación de los poderes y fundamentalmente la independencia del Poder Judicial, que como dijera el juez Marshall es el encargado de decir qué es la ley de conformidad con la Constitución.

La democracia mayoritaria tal como la había previsto Aristóteles podía demagógicamente derivar en una dictadura. Y al respecto, dijo: "Tan pronto como el pueblo se hace monarca, viola la ley y se hace déspota. Desde entonces los admiradores del pueblo tienen un gran partido". Ese fue el proceso que derivó en el fascismo de Mussolini y el nazismo de Hitler. Evidentemente en esa misma tendencia se produjo el peronismo en Argentina, que destruyó el sistema ético político que a partir de la Constitución de 1853-60 la llevara por las cimas de la Historia. Y al respecto vale recordar las palabras de Ayn Rand: "La noción tribal del bien común ha sido la justificación moral de la mayoría de los sistemas sociales y de todas las tiranías en la historia". Por supuesto cuando los derechos son del pueblo, se violan impunemente los derechos individuales que constituyen la garantía de la libertad.

La limitación del poder político es el fundamento de la libertad. El otro principio fundamental es que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. Ese es el reino del sistema iniciado por Inglaterra y llevado a sus últimas consecuencias por los Founding Fathers en Estados Unidos a partir de la Constitución de 1787. Así se reconoció la naturaleza humana y tal como dijo Locke, los monarcas también son hombres. Y el Gobierno, tal como lo reconociera Madison, es una administración de hombres sobre hombres, por ello es imprescindible que pueda controlarse a sí mismo. Por ello el problema no es la institución sino de cuál es la institución. Esto es el reconocimiento de lo previsto también por Locke: "Lo que importa no es la ley, sino qué ley". Y al respecto, Von Hayek escribió: "No es lo mismo una ley que regula el tránsito que una que una que nos dice a dónde debemos ir". Voy a insistir en que la causa tanto de la inflación como de la depresión ha sido el aumento inusitado del gasto público. Entre 2002 y 2014, el gasto público aumentó a la tasa del 33% por año. Consecuentemente pasó de un 24% del PBI al 53% del PBI. Una prueba adicional a que fue el gasto y no la expansión monetaria el factor determinante de la inflación lo muestra el hecho de que la expansión monetaria en el período considerado fue del 26% por año. Por tanto la primera premisa para corregir el desequilibro económico presente pasa inexorablemente por la reducción del gasto público. En una primera instancia se requiere hacerlo en términos reales. Reduciendo los impuestos habrá más inversión y producción. Consecuentemente aumentará la demanda y se crearán más empleos que deberán sustituir los excesos presentes en el sector público. El otro efecto impositivo es el elevado nivel que alcanza la tasa del Impuesto a las Ganancias. Dado que no se permite la revaluación de los activos, la tasa del impuesto en términos reales alcanza a más del 50%. Ello implica una reducción en la inversión. Por tanto otra medida a adoptar es permitir la revaluación de los activos de conformidad con la tasa de inflación. Demás está decir que el actual nivel de la tasa de Impuesto a las Ganancias constituye de facto una violación de derecho de propiedad que garantiza la Constitución, y asimismo de la ley que establece que la tasa es del 35%. La otra decisión a tomar es la liberación del mercado de cambio. El llamado cepo cambiario constituye una violación de los artículos 14, 17 y 19 de la Constitución Nacional. El artículo 19 de la Constitución implica un reconocimiento implícito del derecho a la búsqueda de la felicidad. Ese, tal como lo reconociere John Locke, es el principio fundamental de la libertad, pues reconoce que los intereses privados no son contrarios per se al denominado interés general. Ese es el principio de la mano invisible que reconociera Adam Smith cuando dijo: "El individuo en la búsqueda de su propio interés hace más bien a la sociedad que aquellos que pretenden actuar por el bien público". La revaluación del peso constituye otro factor determinante de la reducción de nuestras exportaciones y por consiguiente la caída en el superávit comercial. La revaluación del peso con respecto al dólar alcanza al 42%. Hemos vuelto a la situación de 2002. Existe la teoría de que la liberalización del tipo de cambio habría de producir mayor inflación y se ignora que la relación de causalidad es la inversa. Es la inflación la que determina la necesidad de la devaluación. El equilibrio del tipo de cambio es un requisito sine qua non para para mantener el nivel de las exportaciones. Y consecuentemente eliminar las crecientes restricciones impuestas a las importaciones. Insisto: todo intento de eliminar la inflación pasa por la reducción del gasto público. Y más aun todo intento de recuperar la actividad económica requiere la reducción del gasto y la reducción de impuestos.

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