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Monteverdi por un buen elenco y con puesta humorística
La Asociación Buenos Aires Lírica cumple con su cuota de ópera barroca en la temporada con el estreno sudamericano de «Il ritorno d'Ulisse in patria», de Claudio Monteverdi, basada en los cantos finales de «La Odisea» de Homero. Para el argumento de Giacomo Badoaro, que narra la vuelta a casa de Ulises para reencontrarse con Penélope y su hijo Telémaco, Monteverdi compuso música de exquisita belleza en toda su extensión y, si bien no supera a «L'Orfeo» (1607) y «La incoronazione di Poppea» (1646), es un exponente acabado de la ópera en sus primeros años.
La realización de Juan Manuel Quintana (un genuino especialista en la música de la antigüedad y del Barroco) al frente del conjunto «I Febiarmonici» es el motor de la representación, con una interpretación de «tempi» justos y un cuidadoso ensamble de los instrumentos antiguos y las voces.
Las buenas voces de María Cristina Kiehr (Minerva), Gustavo Zahnstecher (Giove) y Oreste Chlopecki (Neptuno) dan carnadura a sus personajes, aunque no superan las extraordinarias performances de Víctor Torres en Ulises, Evelyn Ramírez en Penélope, Franco Fagioli en Telémaco y Carlos Ullán en Eumete. Los cuatro son un paradigma de belleza vocal y actuación, siempre en consonancia con el estilo de la obra.
La régie de Alejandro Bonatto es ágil e imaginativa aunque parece decir permanentemente: «esto es un drama pero no se lo crean demasiado». De ahí que en medio del paisaje de Itaca (funcional y bella la escenografía del mismo Bonatto y de Jerónimo Basso de la factoría Polka producciones), los dioses y los hombres jueguen con ositos de peluche, pesquen con boyas de colores, lidien en un momento orgiástico con un asador criollo con cordero incluido, mientras Iro, (brillante Osvaldo Peroni), facón en mano, reparte cortes a quienes se entregan a un amor (hetero y homosexual) sin culpas. Algo más: cuando los dioses charlan amigablemente sobre los pobres hombres, el espacio se llena de pompas de jabón.


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