La economía se mueve por dos caminos, uno teórico que busca comprender la realidad implícita debajo de las apariencias superficiales y otro empírico que analiza la realidad y si ésta se ajusta o no a lo que se esperaba. Cuando hablamos de "mercado", nos referimos idealmente a una estructura transaccional multilateral y continua en la cual toda la actividad es voluntaria para todos los participantes; y para poder ser voluntaria, la participación requiere que los participantes puedan acceder a toda la información disponible. Así, cualquier acto involuntario o que coercitivamente dañe a otros queda fuera del mercado por ser una invasión de derechos. Los mercados (idealmente) tienden entonces a reforzar los valores morales, porque impulsan a los participantes a favorecer aquellos bienes y actividades que refuerzan los derechos de todos. En este sentido, un "mercado de esclavos" no es un mercado en un sentido estricto, sino un mecanismo transaccional por remate y de manera similar no existen un "mercado de drogas" ni uno para los productos robados. De hecho, cada vez que es vulnerado algún derecho, dejamos de estar frente a la presencia de un auténtico "mercado" o una estructura que tienda a serlo, para caer en un mecanismo transaccional inmoral. Si algo no enseño G. Akerlof (The market for Lemmons; 1970) es que existe un costo asociado al comportamiento deshonesto o inmoral de los agentes financieros (incluyendo mayores costos transaccionales) y que cuando la inmoralidad es significativa, el mercado puede desaparecer. La buena noticia es que los participantes deshonestos pueden ser expulsados o forzados a ser honestos si existen algunos participantes honestos (M. Adler, 1992). Sigue el lunes. El Dow trepó ayer un 0,09%, a 15.555,61 puntos; ni merece más comentarios.
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