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Moreno llevó “compre argentino” a Brasil (recibió quejas por trabas)

Moreno le respondió que la ecuación era a la inversa: para levantar las barreras, hay que garantizar el equilibrio de la balanza comercial entre ambas naciones; el funcionario exhibió una trabajo elaborado en su momento por el equipo de profesionales de la Unión Industrial Argentina (UIA), en el que se demostraría que Brasil podría comprarle a la Argentina unos u$s 6.000 millones más de lo que hace ahora, simplemente sustituyendo importaciones provenientes de extra-Mercosur.
Sin embargo, el trabajo de la UIA ahora adoptado por Moreno no menciona cuestiones como precio o calidad del producto que hacen que los compradores brasileños escojan otras procedencias para sus importaciones.
La gran sorpresa de los dos chárteres que partieron ayer de Ezeiza fue la presencia de José Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA, y -en menor medida- de Juan Carlos Sacco, presidente de la industria gráfica y vicepresidente de la central fabril. Como se sabe, Moreno tiene la intención de desbancar a la UIA como representante de los industriales nacionales, y apuesta a la CGE (que además está dividida en dos: CGE y CGERA) para ocupar ese rol. Algo sucedió, algún llamado se produjo, como para que De Mendiguren decidiera subirse a los aviones fletados por Moreno. El vuelo de Sacco, en cambio, si bien no había sido anunciado, era más esperable: el empresario (que en Brasil juega de local porque tiene empresas allí) había calificado a Moreno de «un gran patriota» cuando se sancionó la insólita norma que bloquea el ingreso de libros fabricados fuera del país.
Se repitió (como en el viaje a Angola) la presencia de Gustavo Rojas, dueño de la feria La Salada. Esta suerte de «audaz emprendedor» aseguró que había despertado el interés de empresarios brasileños por «los bajísimos costos de la mercadería que vendemos en la feria», pero no dijo si alguien le había preguntado cómo hacía para alcanzar esos «bajísimos costos».
Toda la jornada (la ronda de negocios, el almuerzo protocolar) se desarrolló en el edificio que tiene la FIESP en el centro de San Pablo. Allí hablaron la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, y el embajador argentino en Brasilia, Luis María Kreckler. El tema central de todas las charlas y discursos fueron las dificultades que atraviesa hoy la relación comercial bilateral.
Los empresarios brasileños explicaban a sus pares argentinos que no es buen momento para cambiar de proveedores: la economía de Brasil está atravesando no pocos problemas por la caída de competitividad y el freno del consumo.
Barreras
En declaraciones a medios locales, Skaf (del sector textil) volvió a la carga: «Tenemos que mejorar nuestra relación comercial con la Argentina comprando más, vendiendo más y eliminando barreras, principalmente en la Argentina, donde es sabido que ahora hay más». También contraatacó el argumento de Moreno sobre el cambio de proveedores: «Esperamos que en la Argentina pase lo mismo: que dejen de comprarles a otros países y compren más de Brasil».
Las declaraciones del dirigente se producen en un momento en que arrecian los reclamos de empresarios brasileños para que su Gobierno presione al argentino y se eliminen las trabas a la importación, que asumen las formas de «licencias no automáticas» y de «declaraciones juradas anticipadas de importación». Hasta ahora, esos reclamos no fueron atendidos por la administración de Dilma Rousseff. En lo que va del año, las exportaciones brasileñas hacia la Argentina cayeron un 27% en relación con igual período del año anterior.
Sergio Dattilo


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