Washington - En la cumbre de Vilna, la OTAN haría bien en hablar de la central nuclear de Zaporiyia y no de dar nuevas armas a Ucrania: “Al fin y al cabo, la gran mayoría de los miembros de la Alianza estarán en la zona de impacto directo si ocurriera algo en la central”.
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Moscú aviva el temor al riesgo nuclear en vísperas de la cumbre de la OTAN
Los miembros de la alianza militar se reunirán esta semana para debatir varios de sus dilemas, como el posible ingreso de Ucrania, en medio de un intenso operativo de seguridad.
A evocar el incidente atómico, justo en los días de la cumbre, está la portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Maria Zakharova, una habitué de las provocaciones.
La capital lituana, para estar segura, estará blindada y defendida como nunca. Por otro lado, Rusia lleva días acusando a Kiev de querer atacar la central, y Kiev lo rechaza todo al remitente, afirmando que es precisamente Moscú es quien quiere el desastre y trata de cubrir sus huellas con una operación de desinformación de manual.
Naturalmente, los servicios de inteligencia aliados siguen de cerca la situación con atención y hasta ahora no hay indicios de que la central esté en peligro, a pesar de las advertencias públicas lanzadas por el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky. Sin embargo, entre los más de 100 dignatarios, entre líderes y ministros, que se esperan en Vilna (no está claro con qué lógica entonces los ucranianos deberían nuclearizar a su propio presidente).
Provocaciones (se espera) aparte, queda el esfuerzo sin precedentes para garantizar la seguridad en la cumbre, que después de todo se celebrará a 32 kilómetros de Bielorrusia y a 150 de la propia Rusia.
Alemania desplegó 12 baterías Patriot para proteger el cielo, España los Nasam, Francia patrullará con aviones espía Awacs y los cazas Rafale (y de paso desplegará en tierra cuatro obuses autopropulsados Caesar), Finlandia y Dinamarca aportarán más jets, Reino Unido unidades antidrones y Polonia, junto con Berlín, fuerzas especiales asistidas por helicópteros de asalto; otros aliados también están enviando equipos para hacer frente a posibles ataques químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.
La lista de invitados por otro lado es inmensa. En tanto, están los jefes de Estado y de Gobierno de los 31 aliados (más Suecia), acompañados de los ministros de Exteriores y Defensa, que tendrán una sesión informal durante la cumbre. Y ya son 96. Luego están los cuatro líderes de los socios asiáticos, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Así que se llega a 100.
Con Zelensky, la moldava Maia Sandu y los líderes de la UE se va más allá. Ni que decir que la policía estará apostada en todos los rincones de la ciudad, tanto es así que el alcalde de Vilna sugirió a los ciudadanos que se vayan de vacaciones si quieren evitar molestias, dado que amplias zonas del centro estarán completamente cerradas. El temor más apremiante es el de los ataques híbridos. Algunas fuentes bien informadas señalan que, del 4 al 24 de julio, Bielorrusia suprimió la obligación de visado con 73 países de todo el mundo; un movimiento que podría presagiar una llegada masiva de migrantes, como ocurrió en el verano-otoño de 2021.
Polonia también decidió ir sobre seguro y está enviando mil hombres y casi 200 unidades de equipos de las brigadas 12 y 17 en el este, en la frontera con Bielorrusia, precisamente para hacer frente a cualquier posible “intento de desestabilización”.
Mientras tanto, a menos de 48 horas del inicio de la cumbre, el presidente polaco, Andrzej Duda, se reunió con Zelensky en Lutsk, la capital de la región de Volhynia, en el noroeste de Ucrania, donde visitaron la catedral de San Pedro y San Pablo.
La visita no había sido anunciada y resaltó una vez más el fuerte apoyo que Varsovia está dando a Kiev, especialmente en su marcha hacia la entrada en la OTAN, que Polonia apoya sin reservas. “La memoria nos une, juntos somos más fuertes”, declararon ambos presidentes en redes sociales con palabras conjuntas.
Agencia ANSA


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