Mosteirin: el arte de trasmutar un paisaje en otro

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 El final de "El renacido" sucede a la altura de Yellowstone, pero se filmó en Tierra del Fuego. "En el camino" ("On The Road", el film de 2012 de Walter Salles sobre el libro de Jack Kerouac) pasa cerca de Calgary, pero es Río Negro. "100 años de perdón" describe un asalto a un banco de Valencia, pero se rodó en calle Reconquista y avenida Del Libertador. Quien participó de éstas y otras ilusiones del cine se llama Matías Mosteirin, es uno de los productores de "Un oso rojo", "Días de pesca", "Relatos salvajes" y otras glorias, y director de la productora K&S Films. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué hicieron ustedes para "El renacido"?

Matías Mosteirin:
Desde buscar locaciones y conseguirlas, hasta recibir, pasar por Aduana y trasladar toneladas de equipo, manejarnos con unas 40 personas de acá y más de 100 que trajo González Iñárritu, ocupar todos los hoteles y modificar el curso de un río. Algo más: después de cada toma debíamos tapar las huellas de hombres y caballos sobre la nieve, así que dispusimos varios camiones que recogían nieve de una cantera y la distribuíamos para dejar todo como si nadie hubiera pasado nunca por esos lugares.

P.: Todo ese trabajo para unos pocos minutos de película...

M.M.:
En la pantalla nunca debe verse el menor descuido. Como se sabe, iban a filmar en Canadá, pero no había nevado lo suficiente. Con "En el camino" pasó lo mismo, Canadá se quedó sin nieve y vinieron a buscarla. Debimos buscar un paisaje similar al de las escenas que ellos querían y un auto viejo de determinada marca, que encontramos en Chile. Filmamos entre los controles aduaneros del paso Cardenal Samoré, con el apoyo y vigilancia de gendarmes y carabineros. ¡Todos los días debíamos pasar por Aduana y Migraciones! Además, creíamos que el mayor problema iba a ser con las compañías de seguro, pero no contamos con la presencia de Kristen Stewart en el elenco. Alguien la vio, voló la noticia por las redes, y al minuto y medio de instalados ya estábamos lidiando con decenas de fanáticas de "Crepúsculo", y con unos cuantos paparazzi.

P.: En cambio, Luis Tosar estuvo como un mes en Buenos Aires y nadie se dio cuenta. ¿Por qué "100 años de perdón" se filmó en Buenos Aires, si dice transcurrir en Valencia?

M.M.:
Primero iba a rodarse en España. Dicen Valencia porque tiene una red de subtes que nunca empezó a funcionar, y un Dia de la Gota equivalente a nuestra Santa Rosa, dos elementos claves en la trama. Nosotros solo teníamos que aportar tres actores argentinos. Elegimos a Rodrigo de la Serna, Joaquin Furriel y Luciano Cáceres, y Daniel Calparsoro, el director, estuvo de acuerdo. Ya habíamos trabajado en "Séptimo" con la misma empresa, no había problema. Un día nos llaman, "no estamos encontrando la locación principal en España". De pronto el equilibrio de responsabilidades cambió mucho. La locación debía ser un gran banco de arquitectura clásica. Buscamos hasta en Uruguay distintas alternativas, y propusimos uno que está inactivo en Reconquista, casi Plaza de Mayo. Acá hay por lo menos tres bancos de arquitectura clásica que no están operando, y otro bajo intervención judicial. Enviamos fotos y el director dijo "sin dudas, ahí quiero filmar". Para nosotros era un desafío porque simultáneamente estaríamos rodando "El clan". Pero después, un nuevo problema: "no nos están autorizando la escena del subte en ningún lugar de España".

P.: Sobre llovido, mojado.

M.M.:
Si, porque debíamos crear un día de lluvia fuerte y una estación de subte inundada. Pasado el susto asumimos el desafio y buscamos en fábricas abandonadas, túneles, etc. Analizando la traza entendimos que había una zona de linea H en construcción, todavía sin equipar. Estudiamos con ingenieros y expertos en efectos, para elevar a los organismos un proyecto serio, que no interfiriera en la construcción ni deje consecuencias, que el agua no entrase en contacto con ninguna fuente eléctrica, que no llegue a estación en actividad, etc. Así se logró articular un trabajo de jurisdicciones distintas, entre organismos públicos y privados, ministerios de Interior y de Transporte, Aysa, Medio Ambiente, Metrovías, la empresa constructora y la compañía de seguros.

P.: ¿Y no hubo trabas ni impedimentos?

M.M.:
Por suerte toda esa gente entendía que el cine es una industria y requiere colaboración. Además el cine abre las ganas de colaborar. Siempre encontramos grandes cuotas de generosidad, y de colaboración. Así fue como, debajo de Libertador al 300, dispusimos un espacio de 40 metros x 8 x 1.40 donde se movían 360.000 litros de agua movidos por turbinas. Dos días enteros pasaron los actores en el agua, sin dobles. Y se la aguantaron bien. Entrábamos de noche por una rejilla en medio de la Avenida, fue impresionante, y muy emocionante. El último día todo el mundo se tiró al agua. Además hubo otros desafíos: unos planos de nado bajo el agua, filmados en estudio, la lluvia cayendo a chorros tras los ventanales del banco, la salida del subte, la esquina.

P.: Qué ganas de meterse en problemas.

M.M.:
Hago esto porque me gusta. Los desafios son un crecimiento. Y es muy lindo cuando alguien percibe nuestro esfuerzo.

P.: ¿Hay aunque sea una toma de Valencia?

M.M.:
Que yo sepa, ninguna auténtica. Las escenas de discusión entre policías y políticos discutiendo cómo reducir a los asaltantes se filmaron en Madrid.

Entrevista de Paraná Sendrós

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