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Motín en FR: Massa estiró tiempo muerto y congeló degüellos
Sergio Massa, entre Jorge Sarghini y José Luis Pallares, durante la reunión con legisladores, en medio de las quejas y reproches de dirigentes. Dio mandatos y avisó que, por ahora, no bajará candidatos.
La poda, que se ejecutaría este sábado y tenía como golpe simbólico el operativo descreme para reducir a dos (a lo sumo tres) los anotados para la gobernación bonaerense, pasó para abril: ante el amague de un motín interno, Massa decidió estirar el tiempo muerto y postergar el degüello de candidatos.
El tigrense se paró, ayer, en el vórtice de la rebeldía: viajó a La Plata y se reunió con los bloques de legisladores bonaerenses, usina de las quejas por cómo Massa manejó la etapa de "baja". Los críticos, en particular Mónica López y los delegados de Darío Giustozzi, estuvieron en la juntada y prometieron asistir el sábado al plenario massista en San Martín.
En las horas previas, notificado de los levantiscos, Massa dijo que no bajará a ningún candidato y que sólo fijará el esqueleto de la disputa provincial que, a futuro, deberá acotarse a dos fórmulas, como mucho a tres. Avisó, además, que designará un "comando bonaerense" para avanzar, con las semanas, en el desmalezamiento de la tira de candidatos a suceder a Daniel Scioli.
La dilación es, por ahora, sólo para ganar tiempo: en el massismo, en particular los satélites del tigrense, es mayoritaria la decisión de apostar a Francisco de Narváez por sobre los demás postulantes por una razón simple: es el que más mide. Con eso, Giustozzi, Felipe Solá y Mónica López de Roberti aparecen condenados a la sombra, más tarde o más temprano.
"Sergio nos dice que todavía no va a hacer nada para llevarnos hasta el límite", se quejaron, ayer, cerca de un postulante. En rigor, es llevar al punto máximo lo que indican los manuales de conducción política: llevar a los díscolos a un punto del que, a esa altura, ya no puedan volver.
Subyace un concepto genérico de los sergistas ante las rabietas de los caciques. ¿Adonde van a ir los dirigentes si quieren abandonar el FR?. "¿Al macrismo?: que vean cómo le fue a Posse, que lo mandaron a jugar con Sanz que mide 2 puntos". En esa dialéctica de la fuga anunciada, hay amagues cruzados. "Que no se equivoquen: las ofertas sobran", replicó un jefe territorial al que le manda propuestas tentadoras un funcionario K.
El caso de Sandro Guzmán, intendente de Escobar, que la semana pasada migró al kirchnerismo vía Aníbal Fernández y "Wado" de Pedro, es un dato presente y un fantasma cercano.
Aparece, en paralelo, un factor más delicado: la numerología que miran Massa y su primer anillo y la que consumen otros dirigentes que no respiran la atmósfera de Tigre revelan diferencias.
En la de los primeros, Massa sigue en carrera, entreverado en un triple empate con Scioli y Mauricio Macri, a partir de preservar su dominio, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires. En la que relojean los críticos, el tigrense está en caída franca y se ubica a unos pocos puntos de la frontera más temible -el 25% en provincia- que proyecta una elección perdidosa en casi todos los planos: local, provincial y nacional.

