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Moyano, curioso gestor ante EE.UU.
En ese encuentro en la sede del gremio de los camioneros, donde Moyano negoció con los delegados la intervención cegetista en el conflicto a cambio del reconocimiento del titular del gremio de la alimentación Rodolfo Daer, ocurrió una especie de milagro. Moyano pidió perdón, «de corazón», a los representantes por haber considerado la semana pasada que su propuesta estaba «politizada» y que pertenecía a sectores de «ultraizquierda». Según testigos del encuentro, a partir de esa frase, Moyano logró conmover a los integrantes de la comisión interna, y que éstos aceptaran la voluntad negociadora del sindicalista. Con esto, el camionero logró, además, que, al menos hasta hoy, las figuras de la Presidente, de su marido y de su gabinete queden fuera de las banderas y de las declaraciones de guerra, tanto de parte de los representantes de los operarios de Kraft como de los militantes y manifestantes de izquierda. Lo que no logró Moyano, pese a que lo pidió especialmente, es que no haya más cortes de rutas, calles y autopistas por parte de los trabajadores y grupos de apoyo. Ayer temprano, a las 7, la Panamericana volvió a bloquearse, y por la tarde estudiantes y agrupaciones de izquierda provocaron otra jornada de caos en el tránsito porteño.
Esa noche, Moyano eligió estar acompañado en el búnker de su gremio, además de por Daer, de tres de sus principales colaboradores: el taxista Omar Viviani, el judicial Julio Piumato y el diputado nacional Héctor Recalde.


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