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Moyano fuerza armado juvenil para retener la silla en la CGT
Facundo Moyano
Se trata de una agrupación que se jacta de contar con un poder de movilización creciente, que por ahora exhibe actos con 10 mil participantes propios, y a partir de la cual la familia Moyano busca fortalecerse en los gremios que respaldan al camionero y horadar las bases de aquellos cuyos líderes se le oponen. La integran, según calculan sus líderes, jóvenes de medio centenar de sindicatos que trascienden el andamiaje estrictamente alineado. Por caso, Facundo Moyano estableció lazos con dirigentes de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y del Premetro (Agtsyp), opositor a la Unión Tranviarios Automotor (UTA), y con el líder del sindicato de docentes bonaerenses (Suteba), Roberto Baradel, alineado con la CTA.
Esos acercamientos le costaron a Moyano padre cuestionamientos de sus pares de la CGT, que temían un corrimiento del camionero hacia los postulados de libertad sindical que pregona la CTA. De momento, las consignas en esa línea de los Moyano quedaron de lado, acallados por la interna de la CGT con vistas al Congreso de julio. En paralelo, hubo avances de la dirigencia joven sobre seccionales del sindicato de Comercio, que a nivel nacional conduce el «gordo» Armando Cavalieri, que tendrán como objetivo sumar adhesiones para la reelección de Moyano por fuera de la estructura montada por el «Gitano».
La actual JS tuvo su debut el 23 de agosto de 2010, cuando asumió al frente el hijo de Moyano en un acto en el Luna Park que contó con la presencia de Néstor Kirchner. Desde entonces, la figura de Facundo cobró relevancia hasta codearse con la estructura de La Cámpora. A instancias de ese vínculo y de la relación que hasta el año pasado permanecía casi intacta entre el jefe de la CGT y el Gobierno, el dirigente de los peajes se hizo de una candidatura que lo convirtió en diputado nacional por el Frente para la Victoria en las elecciones del año pasado. En la actualidad, con 26 años y al frente de la JS, Facundo pasó a oficiar como una suerte de rostro político y conciliador de su padre, en contraposición con la figura de trinchera gremial que construyó de sí mismo otro hijo del camionero, Pablo Moyano, a cargo en los hechos del sindicato de choferes. En marzo de 2011, dirigentes de la agrupación afirmaron haber sumado entre 8 y 10 mil asistentes al acto que encabezó Cristina de Kirchner en el estadio de Huracán, en tiempos en que la relación con Moyano padre era fluida.
Junto con Facundo integran la conducción de la JS Walter Iampietro y Federico Sánchez, ambos surgidos del Sutpa. Sánchez, por caso, desplegó un encendido discurso en el acto realizado a fines de marzo en la CGT para conmemorar los 30 años de una protesta en la Plaza de Mayo a cargo de Saúl Ubaldini en contra de la última dictadura.
Los líderes de la JS están a cargo de llevar a cabo el salto que pregona Moyano «de lo sindical a lo político», y sobre el cual el camionero creó la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista. Claro que ese sello estaba pensado originalmente para incidir de manera directa en las elecciones de 2011, algo que no ocurrió luego del bloqueo a la iniciativa dispuesto por Cristina de Kirchner. «Si los trabajadores queremos dar un salto de calidad, lo estrictamente sindical no alcanza. Tenemos que ingresar en el terreno político», explicó Sánchez a este diario.
La JS atravesó días atrás un dilema cuando fue invitada a participar en el acto que encabezó la mandataria en el estadio de Vélez. Sánchez confirmó la convocatoria y dijo que la dirigencia optó por declinarla sobre la base de «las tensiones» actuales entre la CGT y el Gobierno. No obstante, y en línea con la postura dialoguista de Facundo, desde la JS no dan por sellada la fractura entre el Ejecutivo y Moyano y aspiran a una recomposición del vínculo, una vez zanjado -eventualmente a favor del camionero- el trance de las elecciones en la central obrera. Cerca de Moyano creen que en ese escenario será clave una tarea diplomática del hijo menor, e incluso en tándem con su hermanastro, Pablo, en una suerte de remedo de la dinámica de «policía bueno, policía malo».


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