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Moyano intenta regalarle a Kirchner una central que junte CGT y CTA
Lo que, a simple vista, pareció una embestida contra Yasky esconde, bajo la bravuconada, un guiño: el docente atraviesa una áspera interna en la CTA contra el grupo que encabeza Víctor De Gennaro, de cara a las elecciones de la nueva cúpula programada para el 23 de setiembre.
De Gennaro encarna una voz abiertamente enfrentada con el Gobierno, mientras que Yasky se mueve, aunque con autonomía, en la órbita del dispositivo K. En Olivos lo mencionan como una de las «capturas» post Mundial en la conformación de un espacio filo-K de centroizquierda.
La cercanía a la Casa Rosada no termina de recortarse como ventajosa o desventajosa, para Yasky, en la disputa interceteísta. Por lo pronto, la carta más poderosa en el terreno gremial es el reclamo de personería y la expectativa de que, en algún momento, antes de setiembre, obtenga un aval oficial.
El planteo de unidad que hizo Moyano ayer tiene origen en una costura que hace tiempo empuja uno de sus laderos más ultra-K, el judicial Julio Piumato, que hasta inició conversaciones con sectores de la CTA para tratar de encontrar vías de diálogo y puntos de encuentro para trabajar juntos.
La terminal común -o el paraguas común- era, y es, el Gobierno. Piumato voceó esa posibilidad que, de arranque, fue desechada por Yasky a pesar de que aceptó compartir tribuna con el camionero en más de una ocasión: en un momento por Fuentealba; hace poco por la Ley de Medios. Hoy promete estar de nuevo junto a Moyano en el acto de Néstor Kirchner en Córdoba (ver nota en pág. 13.)
En cierto modo, Moyano le hace un favor a su colega de la CTA: agita el tema de la personería, movido en estos días por la visita de una delegación de la OIT, para instalar en la agenda un asunto que será la principal bandera del docente en su lucha para retener, contra De Gennaro, el manejo de la central.
Es más; el grupo del estatal, que tiene a Hugo «Cachorro» Godoy como espadón en la provincia de Buenos Aires para desafiar allí a Roberto Baradel, de SUTEBA -más filo-K que Yasky-, abraza una serie de demandas políticas y sociales que dejan poco espacio al yaskismo.
Moyano, entonces, aparece con la intención de instalar la pelea por la personería en el centro de la agenda de la CTA sobre el supuesto de que con Yasky ésta será más accesible que con De Gennaro.
Nada, sin embargo, hace pensar con seriedad en la posibilidad de que se anude una transversalidad gremial en la que confluyan los sectores más pro K de la CGT con los filokirchneristas de la CTA. Ni a Moyano ni a Yasky, en definitiva, eso les sirve: podría, en todo caso, serle útil a Kirchner.
Pero los dos, típico de caciques sindicales -tanto los ortodoxos como los progres-, creen que sobrevivirán al kirchnerismo, por lo que su destino depende más de mantener el control de sus centrales que de caerles en gracia a los Kirchner.
De hecho, las dos conducciones están fracturadas: hay, como mínimo, dos CGT -la moyanista y la de los «gordos»- y hay también dos CTA, la de Yasky y la de De Gennaro. En este último caso, replica la división entre docentes y estatales, y no está claro, a diferencia de la CGT, quién tiene más despliegue.
Ayer, desde la CTA, cruzaron críticamente al camionero. Jorge Yabkowski, de la CICOP (personal de la salud) y de la mesa nacional de la central, irrumpió para plantear que la unidad sólo se puede discutir una vez que «el Gobierno que apoya Moyano le dé la personería a la CTA». Mano a mano.


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