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Moyano pacifica su tropa para resistir en el PJ y en la CGT
• Cumbre para unificar opiniones entre clanes moyanistas.
• El criterio de oportunidad
Hugo Moyano
Ocurrió el jueves pasado y fue la cumbre donde el moyanismo volvió, por un rato al menos, a ser una tribu uniforme, donde los matices -cada vez más profundos- entre los «jesuitas», más centristas y moderados, y los «opus», más ortodoxos y duros, descansen por un tiempo. Esos dos clanes conviven en el moyanismo y expresan lógicas diferentes. De un lado están Juan Carlos Schmit (Dragado), Omar Plaini (Canillitas), Julio Piumato (Judiciales) y Horacio Ghilini (SADOP), entre otros. Se autodefinen como «jesuitas», una mención que se refiere a la austeridad, quizá porque se trata de gremios en general chicos, sin demasiados recursos.
Enfrente, encabezados por Viviani, e integrados por la rama más extrema de Camioneros, están los «opus», de línea ortodoxa, y gremios con poder de fuego. Ahí enrolan también a Manrique, de SMATA.
Los «jesuitas» son, además, mejor mirados por la Casa Rosada. En las elucubraciones desatadas en medio de los planteos sobre la retirada de Moyano de la CGT, en sectores del kirchnerismo miran hacia ese pelotón para imaginar un dirigente que les resulte más simpático.
También, por ser de un gremio menor, posiblemente sea un dirigente menos conflictivo que Moyano, que, aun sin el respaldo de la CGT o del club del transporte, le basta con Camioneros para amotinarse y convertir un tema personal en una causa de impacto nacional.
El jueves, por lo pronto, Moyano -a instancias de Manrique- calmó las tensiones con Viviani y reunió a la plana mayor del moyanismo con la intención de evitar fracturas previas que le quiten, en negociaciones futuras, fortaleza al sector para incidir en lo que viene.
En rigor, el ruido con Viviani es porque el taxista se autoanota para suceder a Moyano en la CGT en julio próximo. No es el único: otros hablan de Manrique, o de Schmid.
Sin embargo, Moyano insistió con su determinación de continuar como habitante la sede de Azopardo 802 hasta que termine su mandato el año próximo y ver, llegado el momento, cómo se puede garantizar la continuidad del sector al frente de la central obrera.
Cada figura, en esa mesa, cumple un rol para el camionero y no quiere, anticipadamente, que se desintegre ese esquema, sobre todo cuando detecta que hay operativos de la Casa Rosada para seducir a distintos dirigentes de su cercanía.
En paralelo, aunque hace tiempo dio señales de que asumió como un error táctico su entronización en el PJ bonaerense sobre todo a mártir del pésimo resultado de esa aventura: agudizó la tensión con los caciques bonaerenses y no le sirvió para garantizar lugares para los gremios en las listas.
Sin embargo, el camionero volvió a plantear la necesidad de un esquema global para encarar esas negociaciones, en particular porque los tiempos coinciden: la jefatura del PJ bonaerense se renueva en junio, la CGT en julio y el PJ nacional se tiene que reelegir en mayo.
Pablo Ibáñez


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