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Moyano: regreso sin estridencias
El regreso del camionero a la sede del Ejecutivo se produjo luego de los fuertes cruces que mantuvo con funcionarios y con la propia jefa de Estado, y, como informó este diario, a partir de las gestiones realizadas por dirigentes de su entorno con el ministro de Planificación, Julio De Vido, y con el vicepresidente, Amado Boudou.
El protocolo de la Casa Rosada se encargó de rodear a Moyano: llegó y se ubicó junto a su hijo Facundo, Omar Viviani (taxistas), Omar Plaini (canillitas), Julio Piumato (judiciales), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y Omar Suárez (marítimos). Pero también fue invitado el líder de la CTA oficialista, el docente Hugo Yasky, y dos filas más atrás fue ubicado el jefe del sindicato de Comercio, Armando Cavalieri, referente del sector de los «gordos» de la CGT que buscan el reemplazo de Moyano en la central obrera.
Cerca del camionero estuvieron el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; y el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Ignacio de Mendiguren. Y muy cerca fue ubicado Antonio Caló, líder de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el dirigente preferido por el Ejecutivo para encabezar la CGT desde julio próximo.
Al salir del acto, Caló dio a entender que le gustaría suceder a Moyano: «No hay ningún dirigente gremial que no quiera ser secretario general» de la central obrera, dijo el metalúrgico, que matizó al afirmar que el nombre debería surgir «por consenso». De todos modos, se ubicó en la grilla de competidores: «Puede ser Moyano, puede ser Caló, puede ser Lingeri. Analizaremos qué le conviene más al movimiento obrero», sostuvo.
Moyano, por su parte, eludió la interna gremial y se focalizó en los motivos de la convocatoria. «Fue una invitación al Consejo Directivo de la CGT y no podíamos faltar institucionalmente a un acto tan importante como el de tratar una causa nacional en la que ningún argentino puede estar ausente, por eso nuestra presencia», alegó el camionero cuando fue consultado antes de su partida. No contestó más y prefirió abrazarse con el senador Aníbal Fernández, quien había deslizado que Moyano no estaba a gusto con Cristina de Kirchner por su condición de mujer.
Sobre un posible reencuentro mano a mano con la jefa de Estado fue el abogado y diputado nacional Héctor Recalde quien tomó la palabra: «Hugo espera una reunión». El jefe de la CGT le envió el 31 de enero dos cartas a la mandataria para pasar en limpio las demandas no atendidas por el Ejecutivo: reducción del peso del Impuesto a las Ganancias sobre los salarios; aumento de las asignaciones familiares y mayor distribución de fondos para las obras sociales sindicales.
Durante la espera antes del arranque del acto los dirigentes sindicales apenas cruzaron algunas frases entre sí y con Moreno y De Mendiguren. Entre los presentes llamó la atención la frialdad del saludo entre Moyano y Viviani, secretario gremial de la CGT. Es que el líder de los taxistas fue el primero en hacer públicas la semana pasada sus diferencias con los métodos de presión del camionero en su vínculo con el Gobierno.
Los aliados incondicionales de Moyano vieron en las palabras de Viviani una influencia directa del Ejecutivo, que en los últimos meses eligió otros interlocutores gremiales para mantener el diálogo con la CGT. De todos modos, ese malestar entre ambos quedó parcialmente zanjado a partir de la invitación formal a los sindicatos para el acto de ayer.
Las señales de distensión, que había adelantado este diario, comenzaron a cristalizarse el lunes con las declaraciones de Moyano en una entrevista en la que afirmó que la relación con el Gobierno estaba en un «compás de espera», diferente de la calificación de «suspendida» que había dado semanas atrás. El Ejecutivo movió ayer al abrirle una vez más las puertas de la Rosada.


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