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MOYANO: Sobran aliados para el exilio

Parado definitivamente en la vereda de enfrente del Gobierno -más por decisión de Cristina de Kirchner que propia- el camionero resolvió fugar hacia el sendero de la política, que siempre le resultó pedregoso cuando no intransitable.
Ya a principios de los 90 se había entusiasmado con acompañar la aventura de Saúl Ubaldini para la gobernación bonaerense, que cosechó menos del 2% de los votos. Cuando chocó con Carlos Menem auspició y desembolsó sin tregua a favor de la candidatura de José Octavio "Pilo" Bordón. No le fue mejor con Adolfo Rodríguez Saá, en 2003.
La primera vez que ideó su propia campaña electoral lo hizo con el caballo del comisario, en septiembre de 2009, cuando todo era concordia con el Gobierno y volcó su logística a la creación de la llamada Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista. Pero ni aún así pudo conseguir el objetivo de mínima: tallar fuerte en la interna del oficialismo e imponer candidatos propios.
Tres años después de aquel intento, y una vez más condenado al exilio kirchnerista, Moyano lanzó en Córdoba, en septiembre pasado, un programa político y abrió el juego de las alianzas electorales. De las preferencias del camionero dependerá en buena medida la posibilidad de resguardar algo del poder que mantiene como líder de una CGT acotada e ilegalizada por el Gobierno. Sus pares lo empujan a oficiar de ambulancia de los heridos por el Ejecutivo y le arman charlas y conciliábulos con gobernadores como José Manuel de la Sota (Córdoba), Daniel Peralta (Santa Cruz) y Ricardo Colombi (Corrientes). También le susurran de posibles entendimientos con Sergio Massa y hasta con el gobernador bonaerense, Daniel Scioli. El número puesto de ese armado para la Capital Federal es el cineasta Fernando Pino Solanas.
En la cola de ese cometa, Gerónimo Venegas (rurales de UATRE) busca sumar desde su partido FE a dirigentes con más historia que medallas en el peronismo, como Jorge Todesca, Carlos Campolongo y Aldo Pignanelli. En privado, Venegas avisalos ingentes recursos y esfuerzos volcados en FE deberán tenerlo como protagonista excluyente, acaso como postulante en territorio bonaerense.
Una idea muy distinta anida en la cabeza de Facundo, uno de los hijos del líder camionero. Es el principal impulsor de la transversalidad alla Moyano. En ese esquema entra la disidencia de la disidencia sindical, encarnada por Pablo Micheli, de la CTA opositora y los metrodelegados del subte.
Pero no todo es gremialismo en los planes del joven Moyano: imagina un vértice político para su padre de alto impacto, con una posible alianza con Mauricio Macri. El jefe de Gobierno tiene un acuerdo implícito con el camionero desde los tiempos en que su padre, Franco, reinaba en el mundo de la recolección de residuos. Y más allá de chispazos eventuales, el vínculo nunca se cortó.
Resulta claro, sin embargo, que las alternativas que baraja Moyano no son combinables.


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