21 de enero 2014 - 00:00

Moyano y Barrionuevo congelan la protesta hasta las paritarias

Junto a Moyano y Barrionuevo (centro) encabezaron el plenario (de izquierda a derecha) el municipal Amadeo Genta, Ángel García (seguridad privada), Abel Frutos (panaderos), el ferroviario Omar Maturano, Roberto Fernández (colectiveros) y Carlos Acuña (personal de estaciones de servicio). Sesionaron en el hotel de los gastronómicos y repetirán a mediados de febrero en la sede de Azopardo de la CGT, con Moyano de local.
Junto a Moyano y Barrionuevo (centro) encabezaron el plenario (de izquierda a derecha) el municipal Amadeo Genta, Ángel García (seguridad privada), Abel Frutos (panaderos), el ferroviario Omar Maturano, Roberto Fernández (colectiveros) y Carlos Acuña (personal de estaciones de servicio). Sesionaron en el hotel de los gastronómicos y repetirán a mediados de febrero en la sede de Azopardo de la CGT, con Moyano de local.
El plenario sindical en el hotel de los gastronómicos en Mar del Plata tuvo un tinte sombrío. No sólo por las ausencias de los presidenciables del peronismo, sino, sobre todo, por la premisa acordada de medir las críticas al Gobierno para eludir el señalamiento de destituyentes, un sayo que Hugo Moyano y Luis Barrionuevo procurarán mantener alejado al menos durante el próximo mes. La principal resolución del encuentro gremial de ayer fue convocar a una nueva reunión para mediados de febrero en la CGT Azopardo para analizar, en esa instancia, el estado de las negociaciones paritarias, que para entonces estarán en su fase inicial.

El cónclave reunió a dirigentes de un centenar de gremios de las vertientes opositoras de la CGT: la de Moyano y la "Azul y Blanca" de Barrionuevo. También estuvieron Roberto Fernández (colectiveros, UTA) y Omar Maturano (maquinistas ferroviarios, La Fraternidad). Los presentes dieron a conocer un documento en el que cuestionaron la "incapacidad en la gestión para la solución de los problemas" por parte del Gobierno y exigieron discusiones salariales libres.

Pero lo más importante del encuentro fue lo no declarado ni expuesto en el documento. En el gremialismo opositor cunde la preocupación por lo que entienden es un empeoramiento de la situación social y una marcada ausencia de políticas desde el Ejecutivo, con la escasa visibilidad de Cristina de Kirchner. Pero más que temer por el futuro del Gobierno, los dirigentes se ocuparon de no quedar asociados a eventuales crisis durante las próximas semanas.

El fantasma de las rebeliones policiales de diciembre último sobrevoló el encuentro en el hotel de Barrionuevo. También, las protestas callejeras por los cortes de luz y la fuerte suba en los precios que se produjo en el último trimestre, que para los sindicalistas se debió a una gestión débil de los funcionarios.

Los participantes le dijeron a este diario que prevén un agravamiento de esos factores en los próximos días. De ahí la manifiesta intención de exhibir sobriedad en las demandas y de propugnar la "paz social".

A partir de ese diagnóstico, los convocados se propusieron avanzar en las gestiones para incorporar a más sindicalistas al conglomerado opositor, de manera de crear un frente con similares reclamos de cara al inicio de la ronda de paritarias.

Fuera de Maturano y Fernández no hubo otros dirigentes de la CGT oficialista. Sin embargo, desde esa central crecen las quejas contra el Gobierno y allí es donde se irá a la búsqueda de participantes para el encuentro del mes que viene. Entre otros, intentarán sumar al petrolero Alberto Roberti, que se bajó a último momento junto con Massa, su referente político.

Parte de la reunión giró en torno de los ausentes: "Si no tienen huevos para venir, que no vengan. Ya que quieren ser presidentes, nos hubiera gustado desde el movimiento obrero escucharlos hablar de industria, inflación, deuda externa y el Banco Central", dijo Barrionuevo. Moyano, a su turno, les reprochó no haber ido por "miedo a la foto". Y volvió contra el Gobierno al endilgarle que en los últimos años, según dijo, se duplicara la pobreza y creciera "la falta de trabajo".

Los organizadores repitieron el postulado de avanzar hacia la unidad del movimiento obrero. Sin embargo, ninguno de los participantes tiene en vista renunciar a su actual filiación dentro de una central obrera. Se trata, en la jerga gremial, de caminar en un sendero de "unidad en acción" que sólo verá la luz, de ser necesario, avanzado febrero o durante marzo, una vez planteada de manera abierta la puja salarial.

Ante el temor de eventuales fugas de sus dirigentes más cercanos, el Gobierno recibió la semana pasada a la cúpula de la CGT oficialista. Lo hicieron en convocatorias in extremis el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Economía, Axel Kicillof. Sin embargo, sólo pudieron dar señales de pronta solución a los constantes reclamos por fondos para las obras sociales que permanecen trabados. Del resto de la agenda de demandas sindicales -que comparten en esencia todas las vertientes- los funcionarios apenas pudieron comprometerse a trasladarlo, una vez más, a Cristina de Kirchner.

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