La última rueda de la semana finalizó con el mayor volumen operado y la mayor baja, al desplomarse el Dow un 2,52% para cerrar en 10.097,9 puntos negociando casi 1.500 millones de acciones. La baja de las acciones se justifica con los desilusionantes balances que presentaron el Bank of America, el Citigroup y General Electric, que se sumó al anuncio de la caída de la confianza de los consumidores. Viernes contra viernes, la diferencia fue de apenas el -1%, lo cual, dicho de esta manera, no parece demasiado, especialmente si consideramos que el Russell 2000 descendió un más acotado 0,8% y los fabricantes de semiconductores un 0,6% y que el promedio industrial venía de una seguidilla de ocho ruedas consecutivas en suba. Lo que dejó un feo gusto en la boca es que esto se dio en un contexto que merece definirse de alcista. Por un lado, los balances difundidos en estos cinco días (23 integrantes del S&P 500), que incluían sorpresas positivas, superaron sensiblemente a los del sentido contrario. Por otro, el euro trepó el 2,3% frente al dólar, lo que apuntaló a los commodities, que avanzaron el 0,6%. Pero aquí las cosas no fueron parejas: mientras el precio del petróleo retrocedió el 0,3%, el del cobre se desbarrancó el 4% (el oro perdió un 1,8%), lo que se combina con el desplome de las tasas de interés de 10 años a lo que es casi un mínimo histórico en 2,94%. A su vez, todo esto se dio en un marco en el cual la mayoría de las noticias provenientes de la macroeconomía habla de cualquier cosa menos de una auténtica expansión. De hoy al viernes casi un quinto de los integrantes del S&P 500 darán a conocer sus estados contables, lo que promete que los balances pasarán aún más al centro del escenario.
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