8 de diciembre 2009 - 00:00

Muestra que revela algunos aspectos femeninos del arte

«Escondida en el pajonal», de Claudia Mazzucchelli y al lado, la expresiva escultura de Elba Bairon en la exposición de un grupo de mujeres, que van desde Marta Minujín hasta la joven María Guerrieri
«Escondida en el pajonal», de Claudia Mazzucchelli y al lado, la expresiva escultura de Elba Bairon en la exposición de un grupo de mujeres, que van desde Marta Minujín hasta la joven María Guerrieri
En los últimos dos años el Centro Cultural Borges incluyó en su programación siempre dispar, varias muestras del mejor arte contemporáneo. Este año se sucedieron las excelentes exhibiciones de las colecciones de Esteban Tedesco y la Universidad Di Tella, además de una nueva muestra del curador francés Philippe Cyroulnik. En esta misma línea, la semana pasada se inauguró «Argentinas», exposición que reúne a un grupo de mujeres artistas que van desde Marta Minujín, que participa con el video «Soft Gallery» y sus célebres colchones, hasta la joven María Guerrieri, que presenta unos dibujos donde se cruzan el expresionismo y el comic.

Simplemente, sin ningún afán de reivindicación y con la intención de explorar las particularidades del género, la curadora Eva Ruderman decidió mostrar algunos aspectos femeninos del arte contemporáneo. El resultado es que cada una de las invitadas exhibe un mundo personal y diferenciado del resto, y que cada una tiene su propio discurso.

El video de la rosarina Laura Glusman, «Nado y Nado», encierra toda una metáfora. La artista tomó la imagen de una mujer mientras nada contra la corriente del río Paraná, filmó el derroche de energía de cada potente brazada, registró la hazaña de un personaje cuyo único logro es permanecer en el mismo lugar. La obra resulta por demás sugerente. Antes que nada, se plantea la evidente inutilidad del esfuerzo; luego, la también obvia imposibilidad de arribar a algún lado, luego, el riesgo latente que implica dejarse llevar por la corriente. Con una escena por demás sencilla, Glusman atrapa toda la atención del espectador.

La escultora Elba Bairon presentó una conmovedora escultura, una figura que recuerda a Blanca Nieves y aparece caída o tirada en el piso. El simple hecho de estar sobre el suelo resulta expresivo. El personaje se asemeja a un juguete que por alguna razón fue desdeñado, pero que tiene una escala mayor, humana. Su tamaño es el de una mujercita. Todas las obras que pasan por las manos de Bairon son reconocibles de inmediato, pero esta figura realizada hace unos años, permite advertir que la huella que deja la artista es cada día más nítida, que esta cualidad se acentúa con el tiempo.

Ante la fuerte y dramática figura de Bairon, está la instalación lumínica de Karina Peisajovich, un poético rincón donde 200 bombitas de luz dispuestas en forma triangular configuran una cascada. La obra surge de la oscuridad del techo, se torna poco a poco luminosa hasta llegar a ser deslumbrante en el vértice que toca el piso. El efecto de las bombitas colgando y del pasaje de la oscuridad a la luz, tiene algo melancólico pero a la vez, exultante.

Para recibir al visitante cuando ingresa a la sala, está la escultura de Cristina Schiavi «Abrumadas», una especie de pajarraco color rojo que le impone su presencia. Sus formas, cargadas de humor y de gracia, tienen el inconfundible estilo de la artista, relacionado con el diseño de muebles de los años 50 y su propia creatividad.

Silvana Lacarra parece haber incorporado la máxima sensibilidad en «Retorno (Cielo)», un nuevo trabajo de marquetería en laminado plástico donde abandonó la neutralidad minimalista para tallar un encaje.

La pintura «Escondida en el pajonal» de Claudia Mazzucchelli puede verse como un icono de la femineidad. La mujercita criolla mira el mundo entre los pastos, como quien se asoma a la vida. La imagen, con su sensualidad, sus formas rotundas y los tonos cálidos de la piel, roza la literalidad de una postal y es representativa del exotismo latinoamericano. Ese mismo «exotismo» que cayó en desgracia debido al abuso de algunos pintores, y que Mazzucchelli reivindica con la frescura de su trabajo.

Una instantánea de Rosana Schoijett captura un momento único: una pileta de natación en la noche y una mujer con el cuerpo mojado que parece escaparse de la escena. Los contrastes luminosos, la densidad del agua, el personaje evasivo, incluso, su presunta espontaneidad, vuelven misteriosa la imagen.

Karina El Azem investiga los patrones decorativos que cruzan la historia del ornamento, y desde hace años cambió las inocentes mostacillas por balas y municiones de armas de fuego. Su universo conjuga así la belleza con una violencia que la artista aspira a denunciar. «B.S.C. (Batalla de San Carlos)» es una fotografía tomada de la matriz de una obra que demandó una laboriosa factura manual. Con el punteado que forman los casquillos de las balas prolijamente alineados, El Azem dibuja un paisaje bélico, sin perder la dimensión estética del «pattern» que ha dejado de ser tranquilizadora.

Adriana Minoliti pinta un paisaje surreal que ella misma describe en un texto, cuando dice: «Las plantas emergen de las profundidades cual pulpos excitados con secretos de la tormenta que se avecina».

La salteña Guadalupe Miles presentó la fotografía de una indígena adolescente que, con su cabeza volcada hacia atrás y su rostro expuesto a la luz cenital, tiene la estética directa y frontal de las imágenes publicitarias.

El humor de Luna Paiva aparece en su toma directa de su «Llama», que encarna la modelo perfecta, parada en medio del paisaje y sin moverse, mirando directo hacia la cámara, como si fuera consciente de su papel protagónico.

Las pinturas de Lorena Ventimiglia, Sofía Bohtling y Verónica Di Toro, completan un conjunto con escasos rasgos en común que, por el contrario, demuestra el atractivo de la diversidad.

Por lo visto, las «Argentinas» tienen mucho que decir. El proyecto de la muestra se completa con una serie de biografías de mujeres notables y con una gira que incluirá la ciudad de Frankfurt. (http://www.muestraargentinas.com.ar)

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