29 de junio 2009 - 00:00

“Mujercitas”: bellos íconos de femineidad

Con sus «Mujercitas», Claudia Mazzucchelli ha logrado formar una imagen propia, con recursos actuales y evocaciones a la pintura italiana de Veronese.
Con sus «Mujercitas», Claudia Mazzucchelli ha logrado formar una imagen propia, con recursos actuales y evocaciones a la pintura italiana de Veronese.
En la misma galería Braga Menéndez, silenciosa como un museo en una tarde helada, se exhiben las pinturas de Claudia Mazzucchelli, sus íconos de la femineidad argentina. Con una estética que rosa por un lado la literalidad del afiche publicitario y que, por otro lado corteja la pintura italiana de Veronesse, la joven pintora ha logrado forjar una imagen propia. Así, con recursos actuales y evocaciones a la pintura clásica, sus mujercitas criollas atraen con su sensualidad, con sus armoniosas formas, con la gracia de sus melenas y los colores cálidos de la piel y los vestidos; nos procuran, en suma, una fuerte sensación de placer visual.

Algunas están en un bar y otras habitan los jardines del paraíso, pero todas parecen tener mucho por decir.

Se trata de personajes con carácter, cuyos rostros, más allá de los rasgos que se asemejan, muestran sus perfiles psicológicos e invitan a imaginar un relato acerca de sus vidas. Acaso la obra más comunicativa sea la que representa un grupo de jovencitas donde se destaca la mirada audaz y la postura desafiante de una de ellas que, con sus pies sobre la mesa, enfrenta el gesto comedido y, si se quiere, tímido, de sus compañeras. Hay una figura que llama la atención por su erotismo, y vale la pena observar cómo lo exacerba la artista al hacer coincidir las curvas del cuerpo semidesnudo con las de la florida planta que está a su lado. Hay, además, un personaje ensimismado, que parece rumiar su dolor y desencanto, mientras a su lado, una adolescente sorprendida le echa su primer vistazo a la vida.

Con sus personalidades diferenciadas y sus actitudes soñadoras o irreverentes, las mujercitas de Mazzucchelli tienen un rasgo en común, algo que se asemeja mucho a la inocencia y que, en cierto modo, acaba por tornarlas conmovedoras.

A.M.Q.

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