15 de mayo 2012 - 00:00

Mujica descabeza una Armada inmersa aún en un escándalo

El presidente uruguayo, José Mujica, participó simbólicamente el domingo de una carrera de «escarabajos» Volkswagen, manejando su auto modelo 1987. Tras la distensión, ayer se abocó a terminar con los efectos políticos de un sonado caso de corrupción en la Armada.
El presidente uruguayo, José Mujica, participó simbólicamente el domingo de una carrera de «escarabajos» Volkswagen, manejando su auto modelo 1987. Tras la distensión, ayer se abocó a terminar con los efectos políticos de un sonado caso de corrupción en la Armada.
Montevideo - El presidente de Uruguay, José Pepe Mujica, anunció ayer el relevo del comandante en jefe de la Armada, Alberto Caramés, por «razones de «confianza», en un nuevo coletazo del escándalo de corrupción que en 2010 significó la salida del anterior jefe militar.

Mujica anunció que Caramés, de 59 años, pasó voluntariamente a retiro con el objetivo de «dejarle las manos libres al poder Ejecutivo para intentar procesar una suturación en materia de confianza dentro de este cuerpo» y expresó su «íntimo convencimiento de que la cadena se corta acá».

El jefe de Estado uruguayo, del bloque Frente Amplio (FA), hizo el anuncio en una de las escasas conferencias de prensa en las que ha participado desde que asumió el poder el 1 de marzo de 2010, ya que las anteriores fueron casi todas en visitas de otros presidentes o en cumbres de mandatarios.

Reemplazante

El gobernante, de 76 años, anunció que Caramés será sustituido por el contraalmirante Ricardo Giambruno, actual director general de Material Naval, y que también «pasarán a disponibilidad» los contraalmirantes Manuel Burgos y Federico Lebel como parte de la transformación interna.

El presidente subrayó su esperanza de que «estas decisiones definitivamente enmarquen a la Marina uruguaya en un período de poder recobrar entre su cuerpo de oficiales la confianza indispensable en una institución que se debe mover con verticalidad». Mujica admitió asimismo que hubiera querido que la Justicia, que investiga los casos de corrupción detectados en la Armada, ya hubiese emitido un fallo.

La crisis de confianza en el arma comenzó en julio de 2010, cuando una investigación judicial iniciada tras una denuncia anónima sacó a la luz, entre otra larga serie de irregularidades, una extensa maniobra de fraude para efectuar compras falsas de diferentes materiales. Por este caso, la Justicia ordenó procesar al excomandante Juan Fernández (2006-2010), así como a otros tres altos oficiales del cuerpo.

Los cuatro fueron acusados de haber participado en una estafa millonaria en la adquisición de una grúa hidráulica y un banco de pruebas para motores por más de 600.000 dólares a empresas y proveedores inexistentes. Fuentes de la Fiscalía sostuvieron entonces que acciones similares podrían haber costado a la Armada hasta 7 millones de dólares.

Transición

El sustituto de Fernández, Óscar Debali, dimitió en agosto de ese año y fue sustituido el 1 de septiembre por Caramés, que tuvo que asumir «una jefatura de transición en tiempos de crisis», como la definió ayer Mujica.

Debali dejó el cargo tras conocerse que un sobrino suyo, también militar, iba a ser procesado por realizar maniobras ilícitas en el seno de la fuerza, todas ellas vinculadas a los movimientos detectados semanas antes.

El jueves pasado, el semanario local Búsqueda reveló que la fiscal especial del crimen organizado Mónica Ferrer solicitó a la jueza Graciela Gatti, que investiga esos casos, el procesamiento con prisión del excomandante de la Armada Hugo Viglietti, de seis oficiales y de 13 de sus proveedores por 18 compras fantasma.

El alejamiento se conoció además el mismo día que se reveló que un grupo de ciudadanos de la Argentina abordó en la medianoche del 5 de mayo en el puerto de Montevideo un buque que perteneció a la flota de ese país durante la Guerra de las Malvinas.

Los hombres, pertenecientes a la organización Resistencia Nacional, ingresaron al buque Audax II, ayer de bandera uruguaya y antes denominado Yehuin, destinado al aprovisionamiento de la flota argentina. El grupo recorrió el barco y entregó un pedido a la Prefectura Nacional Naval para que el buque reciba «los honores, su identi-

dad y su bandera» como participante de la guerra.

Agencias EFE y ANSA