26 de mayo 2015 - 00:00

Muniz recicla el pop con contenido político

Las imágenes de Muniz tienen casi siempre un enfoque social y político. Arriba “Postal de Buenos Aires”.
Las imágenes de Muniz tienen casi siempre un enfoque social y político. Arriba “Postal de Buenos Aires”.
A una Buenos Aires colmada de excelentes exhibiciones, arribó el brasileño Vik Muniz, artista nacido en San Pablo en 1961 que vive desde la década de 1980 en Nueva York. La muestra antológica del talentoso Muniz desembarcó en el Hotel de Inmigrantes, sede del Museo de la UNTREF, la Universidad de la localidad bonaerense de Caseros.

Dueño de la sensualidad brasileña Muniz trabaja los temas que se ofrecen ante sus ojos y coloca al espectador frente a un inmenso horizonte. Luego para representar su universo, se sirve de las disciplinas que más le convienen y las combina a su gusto y parecer: trabaja el collage, es fotógrafo, dibujante, pintor y es también un escultor que modela la materia menos usual. Pero la verdadera obra de Muniz es la fotografía, el soporte elegido para presentarla. Sus obras han sido pintadas, dibujadas o producidas con elaborados collages que van desde los diamantes para el rostro de Elizabeth Taylor hasta los desperdicios de Jardim Gramacho, uno de los basurales más grandes del mundo. No obstante, luego de desplazarse libremente por varias disciplinas, el artista acaba por fotografiar su trabajo.

A fines de la década del 90, con su mirada sensible enfocó la expresividad de los chicos de las plantaciones de azúcar, capturó la vida de esos rostros y les pegó por encima el brillo y la extraña blancura del azúcar. Así los volvió a fotografiar y, estas imágenes, cuando se expusieron en su primera muestra antológica en el Museo de Arte Contemporáneo durante una Bienal de San Pablo, lo convirtieron en una figura internacional.

Con su notable inventiva, Muniz logró pegarle una vuelta de tuerca al Pop, sacó los alimentos y productos que estaban adentro de las latas o cajas, como las sopas Campbell de Warhol, o el limpiador Brillo Box , y los derramó sobre sus obras. Con la misma gracia con que Jackson Pollock lanzaba pintura con un palo, él derramó chocolate. Muniz eligió la imagen de Pollock danzando alrededor de la tela y realizando su célebre dripping y la pintó con chocolate líquido. El material está cargado de múltiples sentidos y el artista sugiere de este modo que ha surgido un nuevo dripping. (https://www.google.com.ar/?gws_rd=cr&ei=iCViVaqKFoeuggSf74LIDg#q=Vik+Muniz%2C+Muniz+la+imagen+de+Pollock+).

Si la apropiación de la obra de un artista cobra sentido cuando aquel que se adueña de lo ajeno logra aportar una visión personal, sumar algún significado propio, Muniz alcanza este objetivo en gran parte de sus trabajos. La imagen de Pollock es un buen ejemplo y, otro, es la dramática pintura de David, "La muerte de Marat", perteneciente a la serie de retratos realizados con los deshechos de los basurales. La sabiduría para enunciar mensajes visuales que el espectador comprende de inmediato, se advierte en el retrato de "Atlas", un patético personaje que lleva un mundo aberrante de la basura a cuestas. Es el titán al que Zeus condena a cargar sobre sus hombros los pilares que mantenían la Tierra separada de los cielos. Para algunos la tierra es un basural.

Las imágenes de Muniz tienen casi siempre un enfoque social y político. La excepción son sus poéticas nubecitas. Pero vale la pena quedarse a ver un testimonio cabal de la honestidad de su compromiso: el film "Waste Land". El documental de Lucy Walter que relata el trabajo de Muniz durante tres años en Gramacho, un basural cercano a Rio de Janeiro, cosechó premios en Sundance, Berlín, San Pablo y fue nominada para el Oscar al mejor documental. La película relata la inserción del artista en ese submundo, subraya los engaños y desengaños de los recicladores de desperdicios y el final, feliz y real, aunque parodia el estilo de Hollywood. Muniz vendió esos retratos en una subasta de arte contemporáneo de la casa Phillips por una cifra (50.000 dólares) que hace llorar de emoción a uno de los retratados. El dinero va a parar a las manos de los trabajadores y aunque no va a solucionar sus problemas, contribuye a una vida mejor.

Muniz viene a la Argentina desde la Bienal de Venecia, donde presentó un gigantesco bote de papel de diario llamado "Lampedusa", inspirado en la muerte de 400 migrantes indocumentados. La obra se rematará en Christie's cuando finalice la Bienal y la recaudación se destinará a ayudar a los refugiados.

Las últimas obras de Muniz muestran un barroquismo excesivo. Hay varios collages donde centenares de imágenes se superponen. Entre ellas figura su "Postal de Buenos Aires", una toma de la Avenida Nueve de Julio con el Obelisco, un paisaje cargado de plantas, flores autos y personajes, con un cielo surcando de cartas y un enigma: el cuerpo de un hombre tirado como un muerto en el techo de un edificio.

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