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Murió Cunningham, pionero de la danza contemporánea
Merce Cunningham, además de innovador y líder de la vanguardia en la danza, tuvo peso decisivo en otras formas de las artes.
El impacto del famoso coreógrafo -nacido en Centralia, en el estado de Washington, noroeste de Estados Unidos- fue más allá de la esfera de la danza gracias a una constante colaboración con artistas de diversas disciplinas, desde los músicos vanguardistas John Cage (su pareja de toda la vida) y David Tudor, al diseñador de moda Romeo Gigli y a la arquitecta Benedetta Tagliabue.
Hasta 1989, cuando tenía 70 años, Cunningham subía al escenario en cada actuación de su compañía. Con 80 años, ya frágil y apoyándose en la barra, había bailado en dúo con Mijail Baryshnikov en el New York State Theater. En abril había celebrado sus 90 años con el estreno de un nuevo trabajo, «Nearly Ninety», en la Brooklyn Academy of Music de Nueva York.
En los últimos años, tras la muerte de Martha Graham, Cunningham era definido siempre como el mayor coreógrafo del mundo, pero para muchos -según escribió «The New York Times»- él era sencillamente el mayor artista del siglo desde la época de Samuel Beckett.
En 1953 formó su propia compañía, para la que coreografió cerca de 200 obras, que luego fueron representadas por el Ballet de la ópera de París, el Ballet de la Ciudad de Nueva York y el de Boston, entre otros. «Tienes que amar bailar para seguir haciéndolo. No te devuelve nada, ningún manuscrito que almacenar, ningún cuadro que exhibir en paredes y quizás colgar en museos, ningún poema que imprimir y vender, nada, salvo ese momento único y fugaz en que te sientes vivo», dijo Cunningham en su página web.
La fama le había llegado antes fuera de Estados Unidos que en su patria: París y Londres le abrieron los brazos como al sucesor de Diaguilev mientras en su tierra su trabajo era inicialmente reconocido sólo en los círculos de los especialistas de danza. Pese a ello Cunningham siempre fue hasta el final una «criatura» de Nueva York, a la que convirtió en capital mundial de la danza y donde abrió el camino a la escuela neoyorquina de baile: una reinvención de la danza moderna que absorbía aspectos de la vida metropolitana y exploraba las relaciones entre temas privados y expresión teatral.
Entre los honores y premios que recibió figuran el Dorothy and Lillian Gish Prize, la Medalla Nacional de las Artes, el galardón Laurence Olivier en Londres y la Legión de Honor francesa.
«Junto con su pareja John Cage, abrió nuevas formas de percibir y experimentar el mundo, y su curiosidad insaciable, su espíritu colaborador y su amor por lo nuevo inspiró a innumerables artistas en todas las disciplinas», dijeron su fundación y compañía. «Merce ha dejado una marca indeleble en nuestra creatividad y cultura colectivas; su legado resonará en el mundo de la danza y más allá en las generaciones venideras», añadieron.
Agencias ANSA y Reuters


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