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Murió Mortier, un “agitador” de la ópera
Gérard Mortier, gestor cultural belga que revolucionó la estética de las puestas de ópera en Europa, y que tuvo tantos fieles como detractores.
"Dicen que me gusta provocar, pero lo que me gusta es agitar, y veo a mucha gente contenta. Lo único malo para el teatro es la indiferencia", aseguró Mortier en una ocasión.
Hace apenas unas semanas Mortier llevó al Real de Madrid su adaptación a la ópera de la película "Brokeback Mountain" ("Secreto en la montaña"). Mortier llegó al Real en 2010 como intendente con la intención de convertir el coliseo madrileño en "un laboratorio de la ópera del siglo XXI". En esa labor levantó polémicas y reconocimientos, hasta que fue sustituido en septiembre por Joan Matabosch, decisión que hizo que el belga arremetiera contra los responsables culturales españoles, aunque luego hubo acuerdo para que ambos gestionaran la actual temporada.
Mortier, nacido en Gante el 25 de noviembre de 1943, hijo de un panadero, era conocido por su fuerte personalidad y su predilección por las puestas en escena vanguardistas, por las que fue muy criticado, sobre todo en París. Desde muy joven luchó contra "una burguesía reaccionaria que se había apropiado del arte lírico". Estudió en Alemania (Düsseldorf, Fráncfort, Hamburgo) antes de ser contratado como asesor (1979-1981) de Rolf Liebermann y de Hugues Gall en la dirección de la Ópera de París.
Durante once años (1981-1992) dirigió el Teatro Real de la Moneda, colocando a la ópera de Bruselas en el mapa de Europa con directores inventivos (Luc Bondy, Herbert Wernicke). En Madrid, consiguió éxitos con óperas como "Cosi fan tutte", de Mozart (2013) con una puesta en escena del cineasta austriaco Michael Haneke, o "A perfect American", del estadounidense Philip Glass.
Sus éxitos llamaron la atención del Festival de Salzburgo, que lo contrató (1992-2001) luego del reinado de Herbert von Karajan. Mortier proclamó el nacimiento de "un nuevo Salzburgo" criticando la influencia de las discográficas y la tendencia conservadora local con producciones radicales. A veces, sus puestas en escena eran recibidas con indignación por los tradicionalistas. En "Ifigenia", un espectador gritó: "¡Muerte en la hoguera!".
"Yo tengo mis detractores y mis fanáticos, pero también un público fiel de aficionados", aseguró cuando dejó París, en julio de 2009. El Festival de Salzburgo, a través de su presidenta, Helga Rabl-Stadler, subrayó la labor de Mortier: "Era maravilloso trabajar con él cuando, con competencia y pasión, realizaba programas que previamente parecían irrealizables. Era difícil trabajar con él cuando sus ganas de provocar herían a compañeros y artistas".

