"En las últimas semanas, Lapid y Livni atacaron duramente al Gobierno que dirijo", justificó Netanyahu en un comunicado. "No toleraré ninguna oposición en mi Gobierno", añadió.
El premier israelí presentó como un "intento de golpe" los contactos políticos que ambos, antes de ser echados ayer, habrían tenido con partidos de la oposición. En el caso de la cesada ministra de Justicia también fue acusada de haberse reunido con el presidente palestino, Mahmud Abás, sin permiso.
"Ni siquiera tuvo el valor de cesarme cara a cara", señaló Livni, quien consideró que Netanyahu sólo trata de cubrirse las espaldas frente al electorado cuando, en realidad, es un "irresponsable". "El Gobierno israelí quedó en manos de fanáticos extremistas", subrayó.
Por su parte, Lapid, líder del partido de centro Yesh Atid, acusó al primer ministro de ceder ante los ultraortodoxos en su decisión. "Netanyahu fracasó en la dirección del país. Lamentamos que no haya tenido en cuenta el interés nacional y se guíe por estrechos intereses políticos. Se rindió a los partidos ultraortodoxos, el poderoso Comité Central del Likud y distintos lobbies externos", dijo en un comunicado.
"Livni es la última que puede acusarme de irresponsabilidad, y Lapid fracasó en la dirección de la economía", respondió Netanyahu en una conferencia de prensa en Jerusalén, poco después de informar la destitución de los dos ministros y el llamado a elecciones, las cuales se celebrarán en marzo o abril de 2015.
En un mensaje dirigido a la ciudadanía israelí con elocuentes eslóganes electorales, el primer ministro insistió en que "no puede dirigir más el Gobierno" en las actuales circunstancias y que los retos por delante lo obligan a buscar una reestructuración.
"Es difícil hacer todo lo que hay que hacer por el bienestar de los ciudadanos con esta coalición", explicó al quejarse de que fue necesario formarla "porque el Likud (su partido, de derecha) no obtuvo suficientes escaños" en las elecciones de febrero de 2013.
Netanyahu recordó, además, que ambos ministros torpedearon las tres políticas más importantes de su administración: luchar contra el programa nuclear de Irán, conseguir que los palestinos reconozcan a Israel como Estado judío y seguir construyendo en las zonas ocupadas de Jerusalén este.
Las fuertes diferencias en el seno de la coalición gobernante, formada por un abanico de partidos nacionalistas y de centro, comenzó a hacer agua antes de la pasada guerra de Gaza, en julio y agosto, y se precipitaron la semana pasada con el controvertido proyecto de ley para reforzar el carácter "judío" del Estado, el cual para Livni y Lapid, al igual que la Fiscalía General, es discriminatorio de las minorías.
Se espera que hoy mismo el Parlamento (Knesset) vote la destitución y la convocatoria a elecciones anticipadas.
El Likud de Netanyahu, que volvería a ganar, sólo obtendría 22 de los 120 escaños, según una encuesta del Canal 10, y requeriría alianzas con al menos otros cuatro partidos. El principal beneficiado sería el nacionalista religioso Naftalí Bennet, líder del partido ultraderechista y procolono "Hogar Judío" y actual ministro de Economía, que subiría de sus actuales doce escaños a 17. De lograr una mayoría relativa, el próximo Gobierno del actual primer ministro sería más conservador y se alejaría aún más de la posibilidad de reanudar las negociaciones de paz palestino-israelíes, en punto muerto desde 2000.
El 51% de los israelíes, según el mismo sondeo, ni siquiera entienden qué es lo que provocó la crisis política o si es verdaderamente necesario acudir a unas elecciones que costarán al erario público más de 2.000 millones de shékels (512 millones de dólares).
| Agencias AFP, EFE, DPA, ANSA y Reuters |

