1 de febrero 2013 - 00:00

Netanyahu se lanza a un camino de elevado riesgo

Tel Aviv - Hasta la fecha, Israel había intentado mantenerse al margen de la guerra civil en Siria, pero ahora sus aviones de combate bombardean un centro de investigación militar cerca de Damasco. Eso es al menos lo que sostienen los medios estatales sirios.

Fuentes occidentales, sin embargo, aseguran que el ataque del miércoles por la noche iba dirigido contra un convoy de vehículos con misiles de defensa aérea ultramodernos y de fabricación rusa, los SA-17, que iban a parar a manos de Hizbulá en el Líbano.

"Finalmente se bombardearon ambos objetivos", dijo el experto israelí en seguridad Shlomo Brom.

Israel, como siempre, mantiene un silencio pétreo al respecto, pero, según informaciones estadounidenses, informó confidencialmente a Washington del asunto. No obstante, mucho más elocuente que los hechos es sobre todo el mensaje: nada de armas químicas sirias o misiles modernos para la milicia Hizbulá, enemiga de Israel, en el sur del Líbano. Esto no habría que entenderlo como una toma de posición de parte israelí en el conflicto interno sirio.

En vista de la inestable situación en Medio Oriente, sobre todo en Siria y el Líbano, el ataque israelí hizo sonar las alarmas. Rusia, uno de los últimos aliados de Siria, reaccionó con "profunda preocupación". Si las informaciones se confirman, sería una grave violación de la Carta de la ONU", dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores en Moscú.

Los ataques contra objetivos en un país soberano son "inaceptables, sea cual sea el motivo por el que se producen".

El diario israelí Yediot Ahronot apuntó ayer incluso la posibilidad de que el conflicto se extienda a la frontera norte de Israel, algo que no había estado tan latente desde el fin de la segunda guerra con el Líbano, en 2006.

Las reacciones de los actores en el conflicto de Medio Oriente apuntan, sin embargo, a que las consecuencias serán limitadas, al menos por ahora. La semana pasada se desplegaron en Haifa y Safed sistemas de defensa antimisiles, y las fuerzas de seguridad israelíes, según fuentes no confirmadas, se encuentran en alerta máxima. Pero ni Siria ni Hizbulá han dado hasta ahora indicios de emprender acciones de represalia.

En lugar de ello, Hizbulá, que suele emplear un discurso exaltado, se limitó a pedir a la comunidad internacional que "condene" a Israel. También la Liga Árabe condenó, tal como se esperaba, el ataque aéreo.

Pero la más sorpresiva de todas fue la reacción de Irán, en teoría la potencia que protege al régimen de Al Asad y a Hizbulá: en Teherán hubo silencio total al principio y luego el ministro de Relaciones Exteriores, Alí Akbar Salehi, recurrió a la acusación de manual de que los "terroristas" en Siria persiguen los mismos objetivos que Israel.

La semana pasada parecía más osado, cuando aseguró que todo ataque a Siria iba a ser considerado como un ataque a Irán. "Tal vez les haya quedado claro que no pueden disuadir a Israel de atacar. En todo caso, ni Irán, ni Israel ni Estados Unidos quieren ofrecer un pretexto para un ataque por el programa nuclear", señaló el experto israelí en seguridad Mark Heller.

Con su actuación es seguro que Israel no intervendrá de forma decisiva en el conflicto interno palestino, sino que sólo realizará intervenciones puntuales, cuando vea amenazados sus intereses. Se trata de una política de prevención, apunta Yediot Ahronot.

La actuación en Siria resulta muy similar al ataque a un convoy de armas o un depósito de armas en octubre pasado en Sudán. Las armas para los enemigos de Israel es mejor destruirlas en acciones encubiertas, lo antes posible y lo más lejos posible de la frontera israelí. Eso siempre será mejor que tener que entrar con tropas en el sur del Líbano o la Franja de Gaza para desactivarlas, señaló el diario.

Agencia DPA

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