El jueves pasado comentábamos la importancia de un nombre bien escogido en la vida de una cotizante y mencionábamos algunas listadas curiosas: SEXI, RIP, UGLY, POT, EAT, CAR, DUCK, etc. En el ambiente del marketing esto es algo que se conoce y se ha estudiado hasta el hartazgo. En la vida diaria es algo que cada uno de nosotros experimenta todos los días, por ejemplo, en el caso de quien viene escribiendo esta columna a lo largo de tres décadas, es distinto el acercamiento de quienes la leen pensando en "Francis Moore" (un seudónimo), en Miguel o Dionisio (nombres reales de pila) o en Bosch (apellido real, al que alguno suele agregarle algún epíteto). Si bien, el que un nombre pueda condicionar nuestro comportamiento como consumidores o las relaciones interpersonales, esto no significa que nos afecte como inversores. Esta cuestión viene estudiándose desde 1989, aunque recién a partir de 2001 con las empresas de internet (A rose.com by Any Othr Name, M.J.Cooper et.al) se encontró una asociación persistente y positiva durante la euforia de las punto com, que se invirtió con el crack (The Game of the Name: Valuation Effects of Name Change in a Market Downturn, P.Raghavendra Rau et.al). En 2008 B.M. Barber y T. Odean postulan la hipótesis de la "atención de los inversores" (ante la imposibilidad de analizarlo a todos, se tiende a comprar títulos que llame la atención de manera positiva), corroborada por una serie de estudios posteriores (K-H Bae y W.Wang, What´s in a China Name? A Test of Investor Attention Hypothesis, 2011). En el mercado los nombres importan y muy distinto es llamarse "Trust" (confianza) que "B&MA" (apuesta a mamá).
No está claro porque pero la Bolsa china apunta a ser la estrella del 2014 trepando un 37% en dólares (Bangladesh y Egipto desplazaron del trono porcentual a la Argentina). Sin noticias relevantes y con el petróleo recuperándose 1%, el Dow retrocedió el 0,29% a 17.801,20 puntos (ojo: la variación intradiaria fue la mayor desde el 30/10).
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