18 de julio 2013 - 00:00

Ni corruptos ni cobardes

Ni corruptos ni cobardes
En el comentario de hoy queríamos hablar sobre si existe o no un efecto estacional en el valor del dólar libre y otros activos financieros. Pero el uso de términos como "corrupto" (RAE: Que se deja o ha dejado sobornar, pervertir o viciar) y "cobarde" (RAE: Pusilánime, sin valor ni espíritu; Pusilánime; salto de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes) en la columna de ayer, que pueden convertir lo que no era más que un llamado de atención en algo parecido a una ofensa, merecen un par de aclaraciones. Corrupto y cobarde son vocablos exagerados para cuando nos referimos a mercados o intermediarios que están funcionando de manera relativamente eficiente (sobre todo si es "a pesar" de las presiones y circunstancias que le son externas), pero sirven para resaltar el vínculo entre la moral y el mercado.

Los mercados son construcciones sociales fruto de eventos históricos y sociales complejos (ver P. Berger y T. Luckmann, 1966) con una realidad objetiva y otra subjetiva (ver V. Storr, 2010) que los lleva a adoptar distintas formas que los alejan de la visión puramente Walrasiana (un mecanismo autoequilibrante más o menos perfecto y amoral, ver R. Guesnerie, 2005). Esto ha dado pie a diversos planteos sociológicos, políticos, económicos, éticos y filosóficos, sobre el beneficio social de los mercados. El gran ausente en estos estudios, sin embargo (por falta de evidencia empírica), ha sido el efecto de los mercados sobre la moral de las personas y la importancia de la moral en la construcción de esos mercados. Mañana la seguimos. Ayer el Dow se recuperó un 0,12% para cerrar en 15.470.52 puntos, lo cual frente a los buenos balances ingresados y la "nada" que aportó Ben Bernake casi parece ser demasiado poco.

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