Desde los máximos de junio a los u$s 75,66 en que cerró ayer, el precio del petróleo se derrumbó un 30%. Tal vez lo más significativo en este frente, sea que existe cierta idea que entramos en un nuevo capítulo de la producción energética (no sólo por el lado de la producción, sino del consumo que habría dejado de presionar sobre los precios de la misma forma en que lo hacía en el pasado) por lo que pocos piensan que se puedan romper los máximos de los últimos años. En esta ecuación es clave la producción de "shale oil" norteamericano, que si bien podría ver a estos precios reducida en un 10% la inversión en el sector (afectando a las firmas directamente involucradas), continuaría registrando un aumento de producción en los próximos años. Durante el fin de semana Kuwait e Irán que está recurriendo a su fondo soberano para hacerse de dinero- se sumaron a Venezuela, Ecuador y Libia, revirtiendo su posición de no buscar recortes en la producción (para apuntalar el precio). El problema es que oficialmente la OPEC habla de una sobreoferta de hasta 700.000 barriles diarios, en tanto los analistas estiman que haría falta una reducción cercana a los dos millones de barriles diarios, para que esto tuviese un efecto significativo sobre los pecios del crudo, un nivel que sería muy difícil de alcanzar dada la falta de consenso dentro de la OPEC. Advertíamos en la nota del viernes sobre la baja volatilidad que está mostrando el mercado accionario. La jornada de ayer no cambió en nada esto, al trepar el Promedio Industrial un 0,07% a 17.647,75 puntos, con apenas un 0,39% de diferencia entre el máximo y el mínimo de la jornada (la nota de color la dio el S&P500 que avanzando un 0,07% marcó su 42° máximo histórico del año). La realidad es que poco tuvo que ver entonces la noticia que, a pesar de toda la fanfarria con la que el primer ministro nipón lanzo sus últimos cuatro planes keynesianos de estímulo económico (ahora viene el quinto), el Japón entró una vez más en recesión. Menos aún podemos achacarlo a la idea que esta "sembrando" el presidente del Banco Central Europeo (quien tuvo que reconocer que la región a su cuidado está cada vez más débil), de comenzar a adquirir bonos soberanos a fin de inyectar liquidez y estimular la economía comunitaria.
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