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Nisman: fiscal dictaminó que fue homicidio (apuntó a Lagomarsino)
Ricardo Sáenz formalizó ayer sus sospecha de que el fiscal Nisman fue asesinado. Ahora la palabra final será de la Cámara del Crimen, que todavía debe escuchar a la junta interdisciplinaria.
El fiscal general Sáenz cristalizó ayer su pensamiento desde el inicio del caso Nisman. Está convencido del crimen casi desde el principio, lo cual lo llevó a organizar marchas y a emitir opiniones que por momentos poco tuvieron que ver con su cargo. Todas sus acciones tuvieron un paralelo en la política. El verano pasado abrió el gremio de jueces para una foto con Sergio Massa e inició una saga de acciones con el objetivo final de ser procurador general en reemplazo de Alejandra Gils Carbó.
El triunfo del macrismo lo encontró como gestor del apartamiento de Viviana Fein de la instrucción (su rol en una cena de fiscales sobre finales de 2015 fue clave para que Fabiana Palmaghini aceptara asumir la investigación) y ayer se alineó con la querella en una teoría que es la que se comparte en múltiples sectores del Gobierno.
El movimiento de Sáenz debería ahora encontrar algún eco en la Sala que integran Marcelo Lucini, Mario Filozof y Rodolfo Pociello Argerich. El segundo es el mentor de Palmaghini y estará de acuerdo en conceder el deseo de la jueza que es despegarse de un caso en el cual hay negligencias y demoras ostensibles. Palmaghini suele recordar el tiempo que les llevó a las compañías telefónicas remitir los informes sobre los teléfonos de Nisman.
El punto más álgido de los fundamentos del fiscal es el referido a una supuesta zona liberada en la noche de la muerte de Nisman. Esta sospecha es un lugar común entre Sáenz, Palmaghini y Fein: todos ellos tienen dudas sobre los custodios en cuyas declaraciones hay contradicciones visibles.
También aparece un argumento muy concreto referido al hacker Diego Lagomarsino, quien desde ayer está más comprometido por haberle facilitado un arma al fiscal. A esto se sumará en breve el movimiento que se registra en la causa por la cuenta de Nisman en el Merrill Lynch de Nueva York en la cual Lagomarsino figura como cotitular. Sería una señal de amistad que Rodolfo Canicoba Corral intenta enviarle al Gobierno para permanecer en su despacho.
La próxima estación del trayecto que ayer inició Sáenz es la declaración de Jaime Stiuso prevista para este lunes. El sector judicial que avala la teoría del crimen (que se vio respaldado en los últimos dichos de Ricardo Lorenzetti a un diario español) espera una declaración contundente, que dé bríos a esa idea. Cuando el espía declaró ante Fein, en el secreto de una madrugada invernal, le preguntaron por qué no atendió el teléfono las cuatro veces que Nisman lo llamó en ese fin de semana fatídico. Respondió que tenía el celular en vibrador.
Cuando Stiuso dejó el país, el kirchnerismo le armó un cerco judicial al exdirectivo de la SIDE. Lo denunciaron y lo acusaron hasta de lavador de activos. Ninguno de esos casos progresó en los tribunales de Retiro. Este tendal le daba letra al Gobierno anterior para decir que Stiuso no volvía por temor a ir preso. Uno de los denunciantes fue Gustavo Vera, que habló de una red de firmas dependientes de la SIDE para negocios clandestinos. Cuando el juez Sebastián Casanello pidió mayores precisiones, aportó sólo un cuadro sinóptico imposible de descifrar.
El lunes se cerrará un círculo que comenzó en diciembre cuando el espía se despedía de Oscar Parrilli en el edificio de la calle 25 de Mayo. Todavía Nisman no había denunciado al Gobierno por encubrimiento en el caso AMIA. Antes de retirarse, soltó una frase: "Pensar que dediqué tantos años a que funcionarios como usted no terminen así, dijo para luego señalar su propia camisa blanca de bastones oscuros. Era la antesala de una saga que todavía sacude a la política criolla. Y que todavía tiene asegurados varios episodios explosivos.


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