8 de agosto 2018 - 00:00

“No demonizar al enfermo mental”

“Hay toda una historia de Hollywood y la literatura contra los psiquiatras. Somos casi siempre los villanos”.

Cetkovich. “Se ha tendido a asociar enfermedad mental con moral”.
Cetkovich. “Se ha tendido a asociar enfermedad mental con moral”.
Los estereotipos de la enfermedad mental no han hecho más que discriminar a quienes padecen esa patología, y envolver en sufrimientos a su entorno. El psiquiatra Marcelo Cetkovich, médico e investigador argentino de prestigio internacional, ofrece en "El estigma de la enfermedad mental y la psiquiatría" (Paidós) un panorama de la situación actual de la clínica; describe las patologías, muestra el avance sobre los misterios del cerebro y las nuevas formas de enfrentar los padecimientos de los enfermos. Dialogamos con él.

Periodista: La enfermedad mental es también un estigma.

Marcelo Cetkovich: La idea de que las enfermedades mentales como enfermedades morales proviene de los anglosajones y los franceses, y sostiene que el trastorno mental es una cuestión de fuerza de voluntad, la depresión una debilidad de carácter, y que las personas con esquizofrenia son vagas; en verdad, son enfermedades complejas que afectan la posibilidad de las personas de proyectarse como seres humanos. Son muy incomprendidas por el entorno y lo han sido siempre. Recién en los últimos años hemos empezamos a entenderlas un poco mejor. En las redes sociales hay quienes, con una postura combativa, están atentos a cuando se usa la enfermedad como insulto, como cuando se habla de los políticos y su conducta esquizofrénica como si fueran estúpidos, sin saber qué es la esquizofrenia. Se usan livianamente esas categorías. No es raro oír, como insulto, términos como bipolar, psicótico, paranoico. La persona paranoica es un enfermo y su cerebro, por decirlo de forma muy burda, vino mal cableado. Las enfermedades mentales son estigmatizantes y aún hoy incomprendidas por la mayoría.

P.: Esa estigmatización no sólo cae sobre el enfermo, sino también sobre el psiquiatra y la psiquiatría.

M.C.: Los psiquiatras compartimos el estigma con nuestros pacientes. Estamos asociados a la imagen de la psiquiatría de asilo de décadas atrás, cuando fuimos protagonistas de lo que Michel Foucault denomina "el gran encierro".

P.: Usted marca los errores de Foucault.

M.C.: La sociedad condiciona a los psiquiatras para que se encierre a los enfermos mentales. Lo primero que dicen los psiquiatras es: no son así porque quieren, porque son amorales, están enfermos. Pero se nos asocia al encierro, al abuso, a la falta de recursos y a cierto charlatanismo, porque la pregunta "qué es estar loco" ha cambiado mucho en las últimas décadas; según el psiquiatra con el que se hable será la respuesta. Se nos ha asociado a cosas teóricamente crueles, como obligar a hacer tratamientos. Las personas que han sido privadas del control de su mente por su enfermedad, como en las psicosis, están fuera de la realidad, no tienen conciencia de que lo que les ocurre es una enfermedad, y alguien tiene que ayudarlos a volver al surco. Delirar viene de salir del surco. Los psiquiatras hacen un trabajo que la mayoría no quiere hacer porque la convivencia con una persona con trastornos mentales es muy compleja. El movimiento antipsiquiátrico de los años 60 y 70 no quería a los médicos. Cuando se lee la opinión de Foucault sobre los neurólogos, en "El poder psiquiátrico", es gracioso porque pone en evidencia que no entendía la medicina. El encierro, lo forzado, los medicamentos, la terapia electroconvulsivante, que ha salvado millones de vidas, ha provocado la mala imagen de la psiquiatría, pero los psiquiatras de hoy no son lo que eran hace 40 años.

P.: ¿Las neurociencias han desplazado el mundo psi?

M.C.: Las neurociencias han desplazado a lo psi en la divulgación. Hace 20 años, cuando se hablaba de asesinos seriales, el colofón lo tenía un psicoanalista; ese lugar lo tomó el neurocientífico. Los psiquiatras no han sido reemplazados por los neurocientíficos ni por los neurólogos. Y la psiquiatría en la Argentina tuvo logros importantes que se adelantaron en décadas a investigaciones en el mundo, como las realizadas por Braulio Moyano, Juan Carlos Goldar, José Aníbal Yaryura-Tobías, entre otros. Logros que por haberse desarrollado en un país periférico no tuvieron la resonancia que merecían; hoy eso afortunadamente ha cambiado y nuestra psiquiatría y neurociencia tiene resonancia internacional.

P.: Ayn Rand sostiene "la virtud del egoísmo" y usted escribe que "la solidaridad es más beneficiosa que el egoísmo".

M.C.: La solidaridad en términos evolutivos produce más beneficios que el egoísmo a ultranza. El etólogo Franz de Waal en "La edad de la empatía" demuestra cómo la empatía existe en toda la escala zoológica, y que tiene un beneficio enorme.

P.: La imagen de los psiquiatras en el cine y la literatura ha sido por lo general negativa.

M.C.: Hay toda una historia de Hollywood y de la literatura contra los psiquiatras, y de la estigmatización de los enfermos. El poeta Antonin Artaud, que tenía una psicosis devastadora, nos descalificaba: los psiquiatras no entienden nada. Hay un montón de películas, como "Atrapado sin salida", en que el psiquiatra es malo, de esa idea se sustentan guionistas y narradores, pero se han abierto otras perspectivas. Una película que destaco es "El capitán Newman", con Gregory Peck, como el tenaz psiquiatra de una unidad médica en la Segunda Guerra Mundial. En mi libro comento "Una mente brillante", entre otras, la película sobre John Forbes Nash. Oliver Sacks con "Despertares", y sus libros, difundió que los trastornos de conducta tienen que ver con el cerebro, y Antonio Damasio en "El error de Descartes", muestra las bases neuronales de la moral. Esos divulgadores han hecho mucho para que empecemos a comprender que el cerebro es más que un refrigerante del organismo, como se pensaba siglos atrás.

P.: ¿Un nuevo libro?

M.C.: Pienso que mi próximo proyecto tendrá que ver con el miedo, la fantasía es una historia universal del miedo, estoy empezando a trabajar en eso.

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