5 de enero 2009 - 00:00

No hay museo para exponer el barco

Los restos del barco hallado en Puerto Madero (no es un galeón, es una goleta) muestran las deficiencias que existen en la Argentina para preservar el pasado.
Los restos del barco hallado en Puerto Madero (no es un galeón, es una goleta) muestran las deficiencias que existen en la Argentina para preservar el pasado.
Recién a partir de 60 días, cuando esté el análisis de carbono 14, podrá saberse con mayor certeza qué es exactamente lo que encontraron esta semana en Puerto Madero. Por lo pronto, no es un galeón con monedas de oro, sino al parecer una goleta de 8 x 25 metros cargada con, por lo menos, cuatro cañones de infantería destinados a algún fuerte de la entonces colonia española. Si hubo alguna vez monedas de oro, ya las habrán robado cuando se hundió.
Según primeras estimaciones del arqueólogo Marcelo Weissel, la nave se hundió a unos 300 metros de la costa, que entonces llegaba casi hasta Paseo Colón. Y aunque no haya oro, su hallazgo, durante las excavaciones para una obra en construcción en Manso y Peñaloza, fue el mejor regalo de fin de año para Weissel, el historiador Juan José Cresto, que con sus 75 años bajó por una escalera de mano, recorrió todo y ayudó a subir una vasija de aceite (encontraron tres), el arquitecto Gonzalo Valenzuela, que ahora estudia cómo trasladar sin alteraciones el maderamen de la nave, cuando la quilla quede definitivamente al descubierto, y es un regalo también para los dos o tres albañiles que, por un tiempo, en vez de las pesadas tareas de hormigonado, serán asignados a los trabajos livianos aunque muy delicados de ayudar a los arqueólogos con la palita y la espátula.
También es un regalo para la Ciudad (y además es la primera vez que se encuentran restos semejantes en toda Sudamérica), pero esto incluye un problema extra: ¿a dónde irá a parar ese barco? «Durante siglos se mantuvo protegido bajo una capa de arcilla arenosa, pero ahora debemos evitar que, al contacto con el aire, pueda perderse rápidamente. En Suecia los restos de barcos vikingos y la balsa Kon-Tiki son conservados en recintos especiales donde se los humedece constantemente», señala Héctor Lombardi, ministro de Cultura de la Ciudad. El asunto pone sobre el tapete algunos problemas de los museos locales. El de la Ciudad ya no tiene espacio, el Histórico Nacional está en decadencia, y así sucesivamente. Quizá, con el tiempo, este inesperado elefante blanco sea donado al Museo Naval de Tigre (si éste puede mantenerlo, claro).
Un problema comparativamente menor lo tienen las empresas Vizora y Fernández Prieto & Asociados, que deben armar un plan de contingencia para proseguir la construcción del complejo en cuyo terreno se encontró la nave. «Cambiaremos el plan de trabajo, trasladándonos a otra parte del campo, pero no creo que esto provoque atrasos», explicó a este medio el arquitecto Valenzuela, afirmando «tenemos un compromiso con los accionistas y propietarios, y otro similar con la Ciudad y los historiadores». Destacable expresión de conciencia cívica, considerando que poco tiempo atrás, según se rumorea, otra empresa también halló restos arqueológicos en un terreno cercano, pero directamente los hizo desaparecer para evitarse molestias.

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