16 de junio 2010 - 00:00

No hay que temer el enfriamiento chino

No hay que temer el enfriamiento chino
No hay duda de que el vertiginoso crecimiento de la economía china -la tercera en el ranking mundial por tamaño de PBI- ha sido un factor que ha contribuido en grado sumo a revertir la recesión mundial del período 2008/2009.

En efecto, junto con la India, fue la única de las economías avanzadas en la cual el PBI no registró caídas: sólo sufrió una leve desaceleración, pasando de un crecimiento del 11,8% en 2007 a uno de del 9% en 2008 y del 8,5% en 2009. Esta excelente performance se debió a la oportuna y correcta implementación de políticas fiscales y monetarias anticíclicas: baja de tasas, aumento del crédito, expansión del gasto público, subsidios al consumo y a la exportación, entre otras.

Como era lógico de esperar, este paquete de estímulo no sólo evitó la recesión, sino que -luego de casi dos años de puesto en marcha- comenzó a acelerar nuevamente el crecimiento; registrándose, en el primer trimestre del corriente año, un crecimiento interanual del 11.9%, el mayor de los últimos quince años. A partir de abril, los indicadores macroeconómicos continuaron señalando un fuerte crecimiento de los niveles de actividad y de las presiones inflacionarias. Los últimos datos interanuales a mayo son elocuentes: inflación minorista del 3,1%, mayorista del 7,1%, aumento de los precios de vivienda urbana del 12,8% e incremento del 50% en las exportaciones, entre otros.

Recalentamiento

Es evidente, entonces, que la economía china ha entrado en un claro proceso de recalentamiento. Como ejemplo vale mencionar que durante 2009 -y hasta octubre- la inflación minorista fue negativa.

En el primer trimestre de este año, las autoridades económicas, advertidas de esta situación, comenzaron ortodoxamente a endurecer en forma gradual las políticas anticíclicas: aumento de los encajes bancarios, limitación a la oferta de créditos hipotecarios y disminución de los subsidios al consumo interno y a la exportación. Más aún, ya han anunciado que -a pesar de la actual crisis europea- continuarán con sus políticas de enfriamiento, fijándose el objetivo de retomar un sendero de crecimiento del orden del 10%, compatible con techos de inflación y de desempleo del 3% y del 5%, respectivamente.

En consecuencia, es posible que a lo largo del segundo semestre de este año comiencen a subir su tasa de referencia de préstamos a un año (actualmente fija, desde julio de 2008, en un 5,31%), impongan mayores limitaciones a la expansión del crédito y disminuyan o eliminen los subsidios. Tampoco debiera descartarse una gradual y leve revaluación del yuan, medida largamente reclamada por el G-20, a los efectos de disminuir los fuertes desequilibrios externos provocados por un tipo de cambio «artificialmente subvaluado».

A partir de este escenario de «enfriamiento», y tomando como referencia el 11,9% de crecimiento registrado en el primer trimestre, últimamente ha surgido en los mercados una gran preocupación por la posible desaceleración del PBI chino. El argumento consiste en que el endurecimiento de las políticas fiscales y monetarias de estímulo reducirá el crecimiento de su economía, afectando negativamente la expansión a nivel mundial y la evolución de los mercados bursátiles. A tal punto llega este razonamiento que, en aquellas eventuales ocasiones en que han surgido indicadores negativos respecto del ritmo de crecimiento, las Bolsas mundiales han sufrido altas volatilidades.

Perspectiva

Sin embargo, en nuestra opinión, la reacción debería ser exactamente la contraria. En efecto, de no llevarse a cabo estas medidas de enfriamiento, es evidente que la economía china continuaría su proceso de recalentamiento llegándose -más tarde o más temprano- a una compleja situación de cuellos de botella en la oferta coexistiendo con altos niveles de inflación; sólo corregible con una brusca caída de su PBI y aumentos del desempleo, con sus consecuentes disturbios sociales y un fuerte impacto negativo sobre el mercado bursátil.

Ajuste gradual

En síntesis. Las políticas de estímulo oportunamente implementadas evitaron la recesión. Como contrapartida, luego de casi dos años de su puesta en marcha, recientemente ha comenzado un claro proceso de recalentamiento que está siendo encarado a través de ortodoxas y graduales medidas de ajuste, las cuales tienen como claro objetivo lograr un adecuado «soft landing». En consecuencia, los mercados no deberían reaccionar negativamente. Por el contrario, si no se implementaran estas medidas de enfriamiento, el «hard landing» podría ser extremadamente severo y, entonces sí, afectar seriamente la actual recuperación de la economía mundial y de los mercados bursátiles.

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