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No a las iglesias propias, sí a las mezquitas ajenas
El primer ministro Erdogan hablaba de «creciente ola de racismo y extrema derecha en Europa» y el presidente Gul de que «es una vergüenza para los suizos», pero ellos obviaban lo que pasa en su propio país: las minorías religiosas de Turquía siguen sin poder abrir templos.
En 2003, el actual Gobierno levantó las restricciones legales a la libertad religiosa para satisfacer a la UE, pero alevíes, católicos, judíos, protestantes y ortodoxos griegos y armenios encuentran múltiples barreras burocráticas que impiden en la práctica dicha libertad. Desde entonces, es más fácil formar asociaciones, pero abrir nuevos templos o ser reconocido como iglesia es casi imposible; por esto la Iglesia Católica sigue sin estar reconocida con personería legal en Turquía.
«Existe una circular que exige que los templos cubran un mínimo de 2.500 metros cuadrados. Obviamente, esto crea enormes dificultades», dijo el periodista Serkan Ocak en un reciente artículo del periódico Radikal. «Lo mismo ocurre con los trabajos de restauración o los cambios arquitectónicos. De acuerdo con la ley, sólo se permite a las fundaciones realizar dicho trabajo. Así, recurriendo a estos tecnicismos, las reclamaciones nunca se resuelven», sostuvo.
«Turquía decidió financiar y administrar su fe de forma exclusiva, lo que supuso la nacionalización de la corriente sunita del Islam. Con esta postura el Estado no sólo abandonó su obligación de neutralidad religiosa sino que se hizo con el monopolio de la interpretación y control de la fe, politizando el Islam desde arriba», indicó Cemal Karakas en su artículo «Turkey: Islam and laicism between the interest of state, politics and society». En el reciente informe anual sobre Libertad Religiosa en el Mundo, del Departamento de Estado de EE.UU., se reconoce que en Turquía «se bloquean los ascensos en las instituciones públicas por razón de la fe».
A pesar de que la Constitución turca es secular y garantiza teóricamente la libertad de culto, la corriente mayoritaria sunita sigue siendo favorecida y son muchos los que prefieren esconder su identidad religiosa por miedo a la discriminación, afirmó Serkan Ocak. Desde 2002, el Gobierno turco prometió al Vaticano y al Patriarcado Ortodoxo mayor libertad religiosa, pero por el momento se quedan en promesas.


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