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No lo paró ni la lluvia
El español Rafael Nadal, ganador del ATP de Buenos Aires, junto a su amigo y vencido de ayer, el tandilense Juan Mónaco.
La final estuvo claramente marcada por la lluvia, que obligó a frenar el juego cuatro veces durante la jornada, incluida la definición de dobles. Los cancheros tuvieron un arduo trabajo para reacondicionar el polvo de ladrillo en poco más de media hora, durante el inicio del partido y la última interrupción, algo que el público que llenó los seis mil lugares de la cancha central agradeció. En los dos games jugados, Nadal se había mostrado más incisivo con el juego de fondo, y hasta tuvo una chance de quebrar en el juego inicial de saque de "Pico", aunque Mónaco logró salvarlo. Luego de esa nueva interrupción de casi una hora, los primeros games fueron para medirse y para estudiar y adaptarse principalmente al estado de la cancha. Y ahí fue donde apareció la jerarquía de Nadal, que a partir del 3-3 desplegó un buen pasaje de tenis, para quebrar por primera vez el saque de "Pico" y encaminarse en el set. Sin tener problemas desde el servicio, el mallorquín consiguió cerrar la historia con un 6-4, en poco más de 40 minutos de juego.
Ya asentado en el polvo de ladrillo del court central, el español empezó a sacar diferencias en el juego en el arranque del segundo set. Encontró ángulos, aceleró la bola y no le dio chances a un Mónaco que, sufrió bastante con su saque e intentó jugar de igual a igual haciendo lo imposible por doblegar a su rival. Los dos breaks consecutivos en el inicio de la segunda manga prácticamente sentenciaron la historia, haciendo el 4-0 una distancia irrecuperable para Mónaco. Fue demasiada la diferencia en ese set. Mónaco buscó resistir hasta el final, pero Nadal, lanzado, es imparable sobre polvo de ladrillo.


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