La baja del precio del petróleo parece estar tomando por sorpresa a muchos, lo que no tiene ninguna excusa. En esta columna comenzamos a advertir el efecto depresor que tendría sobre los precios de las demás variedades el "shale oil" norteamericano al menos desde el 26 de marzo del año pasado (en aquel entonces el WTI cerró en u$s 95,99 y continuó trepando hasta u$s 110,53 el 3 de septiembre) y el 13 de noviembre último cuando cerró en u$s 74,59 advertimos sobre las proyecciones debajo de los u$s 50 por barril para 2015. Esto no evidencia ningún poder o sabiduría especial de nuestra parte, sino el hecho que no era ningún secreto lo que estaría por suceder. De hecho, quienes tenemos algunas décadas de mercado podemos recordar a "Dynasty" la serie de TV sobre una familia petrolera, los Carrington -competidora de la más popular "Dallas", sobre la familia Ewing-, que ya en un capítulo del 8 de diciembre de 1982 (episodio 7 de la tercera temporada; entonces el WTI rondaba los u$s 30) advertía sobre los efectos y problemas de la extracción del shale oil, actividad a la que se dedicaba la familia. Apuntar al 4,22% que se desplomó ayer el precio del crudo (el WTI cerró en u$s 63,06 por barril) como principal culpable del retroceso del mercado accionario (podríamos decir lo mismo sobre los desilusionantes datos económicos de China y Japón) es entonces y en el mejor de los casos, poner el carro delante de los caballos. Es cierto que la de ayer fue la mayor baja del Dow desde el 22 de octubre, pero al ver los números es claro que fue insignificante, apenas el 0,59% que colocó al promedio en 17.852,48 puntos para la apertura de hoy (la variación intradiaria no superó el 0,88%), evidenciando que el mercado bursátil sigue tan chato y reacio a reaccionar a cualquier noticia como lo ha estado desde que arranco noviembre (no hay que olvidar además que en las ultimas 26 ruedas tuvimos 16 máximos históricos, el ultimo el viernes). Seguramente este autismo de los inversores habrá de cambiar en algún momento y de manera sorpresiva; entretanto atengámonos a la realidad.
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