No tuvimos nada nuevo en el mercado

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De la misma manera que permanentemente admitimos que no tenemos la más mínima idea de lo que puede suceder hoy, mañana o pasado, con los precios de las acciones o cualquier otro activo, reconocemos que no tenemos la más mínima idea si finalmente el Congreso acordara extenderle el permiso de emisión al Tesoro o no. Dicho esto, podemos hablar de lo que sí sabemos. Lo primero es que no hay ninguna razón para que los EE.UU. entren en default. Esto es así porque el Gobierno sigue percibiendo sus ingresos corrientes vía impuestos (no es que se quede sin plata; ayer la administración Obama en su campaña de terror refutó a quienes afirmaron que la muy buena recaudación del último mes permitiría extender el límite del 2 de agosto). Entonces se trata de que el Poder Ejecutivo decida qué hacer, si prefiere seguir endeudando a la gente, mantener planes, subsidios y gastos improductivos, o si prefiere tirar por tierra el buen crédito de los EE.UU. Más allá de esto, cabe la posibilidad de vender reservas de oro y, lo que sería mucho más beneficiosos para la gente, liquidar algunos de los stocks de las reservas estratégicas, lo que reduciría el precio de commodities. ¿Más ideas? Que el sector financiero le conceda préstamos al Gobierno contra la garantía de algunos de los activos improductivos o que se privaticen algunos de los servicios públicos. Del otro lado tenemos el problema que, por más que se consiga la extensión a la emisión, las calificadoras se encuentran con el dilema de tener que reducirle el rating al país en tanto y en cuanto no se reduzca de manera significativa el déficit estatal. Esto el mercado lo sabe y por eso no estamos viendo nada parecido al caos o al pánico. Si el Dow retrocedió ayer un 1,59%, a 12.302,55 puntos, el petróleo cedió un 2,36%, el oro subió un 0,2% y la tasa quedó en un 2,98%, es porque la economía no está siendo bien dirigida y la pelea en el Congreso es apenas una muestra de esto.

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