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Nora Iniesta insufla nuevo vigor a los símbolos patrios
En la obra de Nora Iniesta los símbolos nacionales adquieren un sentido que trasciende el mero presente para dialogar con un pasado cuya educación pública se añora.
Más allá de la adhesión que susciten los símbolos patrios, la muestra de Iniesta pone en evidencia los resultados de un largo trabajo en torno a estos motivos. La artista retoma un tema que arrastra desde hace años y lo presenta con una solidez conceptual ganada al dejar atrás los juegos y las ironías del pasado.
Iniesta abandonó los muñecos de peluche y los interminables collages con figuritas de la infancia. Esta vez, al parecer, más segura de sus convicciones, eligió trabajar con los objetos celestes y blancos encontrados al azar, para formar con ellos una exposición que tiene un profundo significado político. El conjunto de las más de 70 obras, que parecen centenares, se percibe como una pieza sinfónica. Los objet trouvé, los hilos, mantas, textiles, muñecos, bandejas y kilómetros de cintas y de bordados, configuran una única composición sabiamente equilibrada que se extiende por las dos salas de la galería.
Los artistas del pop estadounidense demostraron, al reiterar sus símbolos patrios, un afán que nunca existió en nuestra tierra. La bandera de Jasper Johns se ha convertido en un emblema, y en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, las visitas guiadas tienen un discurso que alude frontalmente al amor por su país.
Si los monumentos, como el de nuestra Bandera, revelan la existencia de la conciencia histórica y expresan el sentimiento solidario de unas generaciones con otras, con su estilo tan personal y festivo, Iniesta celebra los símbolos que contribuyeron a consolidar nuestra gloria. La experiencia de la artista es la de muchos argentinos, que conocieron la excelencia educativa en nuestro país. Hubo una generación que accedió a la cultura y, consecuentemente, a la dignidad que deparó a la sociedad nuestra escuela pública.
Con un conceptualismo que bien se puede definir como «delicado», Iniesta expresa su añoranza por un pasado de delantales blancos e inmaculados, por las banderas que vio flamear en su escuela. En el mundo difuso de la sociedad global, la posición de la artista es como la de Ángel Guido, esencialmente americanista. Así, a través del arte, como quería el arquitecto rosarino, los símbolos recobran su poder y su carga emotiva.


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