21 de julio 2015 - 00:00

Norah Borges: su historia sin recortes a través de su nieto

La muestra reunida por Félix Torre, nieto de Norah Borges, no busca reivindicar su trayectoria, pero deja constancia de su extensa producción.
La muestra reunida por Félix Torre, nieto de Norah Borges, no busca reivindicar su trayectoria, pero deja constancia de su extensa producción.
El Centro Cultural Borges presenta en estos días una muestra de la artista Norah Borges (1901-1998), una serie de dibujos, pinturas, documentos y objetos, reunidos por su nieto menor, Félix Torre (1981). Compositor, actor y escritor, Torre inauguró la muestra con un breve concierto y la presentación de su último libro de poesía: "No dejes de soñarme". El título de su texto de poemas coincide con el nombre de la exhibición de Norah y los versos que su tío abuelo, Jorge Luis Borges, le dedicó al Quijote. ("Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño/ que entreteje en el sueño y la vigilia/ mi hermano y padre, el capitán Cervantes [...] Para que yo pueda soñar al otro/ cuya verde memoria será parte/ de los días del hombre, te suplico:/mi Dios, mi soñador, sigue soñándome".)

La exposición de Torre entrelaza sus propios afanes poéticos y afinidades estéticas con los de su abuela. Cabe aclarar sin embargo que, si bien la muestra de Norah Borges se encuadra en el canon de una exposición de arte tradicional, la intención inicial de Félix Torre fue presentar un concierto con su banda en el Centro Cultural Borges. La idea de la muestra maduró después.

Norah es una artista clave para la historia de la vanguardia española y el arte moderno argentino, y la exhibición se distingue por brindarle visibilidad a una etapa casi olvidada de su trayectoria. A partir de la participación estelar de Norah Borges en las revistas del ultraísmo español, junto a su célebre hermano Jorge Luis y el teórico madrileño Guillermo de Torre que se casó con ella, los críticos e historiadores investigaron y legitimaron ese período vanguardista. Hasta hoy se elogia la audacia de las obras tempranas y, con menos énfasis, las dedicadas a una Buenos Aires profunda, a la ciudad de "Fervor...", la del paisaje platónico que Borges descubrió a través de su hermana y que ilustra su primer libro.

La muestra de Félix Torre no busca reivindicar la trayectoria de Norah -aunque la menciona- pero deja constancia de su extensa producción. Dato interesante ya que la mayor parte de sus biografías se interrumpe a fines de la década del 30.

Félix y Norah compartieron la casa familiar, un departamento de la calle Suipacha. "Tengo el privilegio de presentar a mi abuela. Tengo el privilegio de continuar con la tradición de mi familia que es recrear el mundo con belleza", escribe Torre. Al ingresar a la sala del CCB hay una foto de Norah, a su lado, una frase pone en evidencia la relación afectiva y artística. "La abuela, pintora y el nieto, poeta. Una sala donde conversan sus obras, que son sus sueños, que están vivos empecinados en revelarle algo feliz al mundo", escribe el nieto. Cabe aclarar que, justamente, quienes conocieron a Norah aseguran que fue una persona empeñada en brindar alegría. "Pienso en la tribu familiar como una gran bola de gente amalgamada girando por la tierra", agrega Torre. Y allí, durante el vernissage, estaba la "tribu" de Norah. "Mis chicos", sus dos hijos, pintados en el año 1941, enfrentaban sus propios retratos junto a su descendencia.

En la muestra figura el perfil nítido de Guillermo de Torre, un dibujo de 1927. Después de más de media centuria, en 1980, Norah volvió a pintar ese mismo perfil en "Los enamorados", una pareja en el jardín de la casa de la calle Quintana. Poco antes de su muerte Norah tenía este mismo cuadro colgado en su cuarto y, entonces, con precisión, describía la escena: "Éste es el balcón del cuarto de mamá, que era muy inteligente y tenía un precioso perfil griego. Aquí está la ventanita del altillo al que yo subía para leer las cartas que Guillermo me enviaba desde España, cuando estaba estudiando abogacía y diplomacia. Y ésta es la ventana del cuarto de Georgie, que eligió ese lugar porque abajo había un jazmín y disfrutaba con el perfume".

Norah
vivía rodeada de libros de arte. "Mirar pintura es lo que más me entretiene", aseguraba ya en la vejez, cuando comenzó a fallarle el pulso y dejó de pintar. Así detallaba "la pureza de la pintura gótica, el rostro perfecto de Simonetta Vespucio que pintó Botticelli. También admiro a Juan Gris y algunos cuadros de Picasso, aunque sus últimas obras ya no me interesan". La abuela de Félix poseía el tesoro de una memoria inagotable y gozaba relatando sus recuerdos. "En Madrid lo conocí a Miró y no me gustó, se veía muy vanidoso y sólo hablaba de sí mismo, su aspecto era tosco y se notaba que amaba mucho el dinero", contaba. Entretanto, describía con gusto sus pinturas: "Es el momento en que me encuentro en el cielo con Guillermo y estamos rodeados de ángeles".

Torre
señala en la exposición: "El niño que tenía una abuela con voz de canción, se encuentra con el adulto de hoy que debe tener en cuenta su reconocimiento nacional e internacional y la trayectoria. Esta muestra fue empujada pacientemente y durante años a través de mis sueños".

En rigor, el talento de Norah no ha sido reconocido. Las interpretaciones son varias, aunque, sencillamente, la explicación más obvia es que su obra no se conoce. A pesar de los tratados de prominentes teóricos de la Argentina y el exterior dedicados a un período de su obra, el Museo Nacional de Bellas Artes no la incluye en su colección. Norah cruzó un campo cultural que se extiende desde la Argentina hasta Europa en el momento de mayor esplendor. Pero todavía hoy, mientras algunos desdeñan el período posvanguardista o calificaban su obra de "ingenua", otros atribuyen su escasa visibilidad a las sombras que proyectan sobre ella su brillante hermano y su marido. "[...] se encontraba marginada de los círculos oficiales -y luego de las historias- a causa de su condición femenina, o porque su obra se juzgaba según un criterio sexista", opinan los amantes de las batallas de género.

En realidad, Borges estaba orgulloso del talento de su hermana y compartió con ella su trabajo y (mientras pudo) la vida social. Su hijo Miguel De Torre ilumina la historia de su madre al destacar la importancia que fue cobrando el arte religioso, género que sacó a Norah de su casa,

pero la llevó al interior de las iglesias y produjo un cambio estético fundamental en su obra.

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